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Martes , 19.06.2018 / 19:40 Hoy

Artículo mortis

Siri, busca “Derechos Humanos”

Roberta Garza

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Obama no es el primer presidente gringo en intentar acercarse a Cuba. Según el New York Times, a fines del 63, a 10 años de la revolución, a menos de tres de la fallida invasión de Bahía de Cochinos y a uno de la crisis de los misiles, John F. Kennedy y Fidel acordaron, vía sus embajadores ante las Naciones Unidas, abrir un diálogo encubierto. En noviembre de ese año, en Miami, Kennedy deslizó públicamente la posibilidad de normalizar las relaciones con la isla. A los pocos días, fue asesinado.

Más de 50 años después, Obama pasea por una Habana aséptica, cuyos baches han sido reparados, sus paredes pintadas, sus ciudadanos amenazados y sus opositores arrestados. Lo vemos llegar a comer en un paladar y tomarse un mojito en un vaso de ron Havana Club. Lo vemos anunciar jugosas inversiones y pedirle a su Congreso el fin del embargo. Lo vemos, también, reunirse a puerta cerrada con disidentes, pero sin condenas cabales a las violaciones de los derechos humanos tan características del régimen cubano. A lo más que llegó fue a equiparar los andamios de la nueva relación con la que llevan con China, donde, a pesar de las diferencias políticas, business are business; como sucede con Arabia Saudita, Rusia o Pakistán, entre muchos otros regímenes antidemocráticos y opresivos con los cuales Washington se lleva a partir de un piñón.

No pocas voces lúcidas en la comunidad internacional le reclamaron la omisión, pero yo no estoy segura de que tocar frontalmente esos temas sirva de algo frente a dictadores tan demagogos, longevos y taimados como los Castro; en esa misma rueda de prensa, a pregunta expresa de un reportero gringo, Raúl enfatizó que allí no existían los presos políticos, que si alguien tenía una lista de nombres, que se la diera para liberarlos, que todos allí cumplían condenas por delitos hechos y derechos, probando que a los Castro no parece haber nacido rayo que los parta.

Lo cierto es que Obama no se va sin dejar su regalo envenenado: Google anunció un acuerdo para surtir conectividad a internet en un país donde apenas alrededor de 10 por ciento de la población tiene acceso caro, malo y restringido. Con todo, los cubanos no se privan de consumir lo último de la televisión gringa a través de un USB que, religiosa y semanalmente, llega de Miami para ser distribuido entre una clientela tan cautiva como clandestina. Tomó varias décadas, pero parece que en Washington por fin entendieron que el cambio en Cuba no va a pasar por discursos incendiarios o por enfrentamientos militares, sino por la dulce voz de Siri conduciendo al otrora rebaño de la revolución a abrevar de lo más escogido y sabroso del American Dream.

Twitter: @robertayque

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