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Domingo , 27.05.2018 / 09:42 Hoy

Artículo mortis

Fumar o no fumar

Roberta Garza

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El reciente fallo de la Primera Sala de la Suprema Corte es asombroso por razones más allá de lo evidente: el haber abierto la posibilidad de que los particulares consuman mota, sin ser penalizados legalmente, en un país donde hasta hace muy poco esa opción era rechazada por 7 de cada 10 personas. Pero igual sorprende que, a pesar de la muy nacional tendencia al discurso oblicuo —encarcelamos al hermano de un ex presidente por el hallazgo de una barroca osamenta con la cual nada tuvo que ver, sin tocarlo por tráfico de influencias o enriquecimiento ilícito, por citar un ejemplo—, los jueces fundamentaron su fallo en la causa más puntual, a pesar de ser la más abstracta y difícil de explicar: la defensa de la libertad individual, violentada por la prohibición de una sustancia cuyos "efectos no son de tal manera motivos que justifiquen una medida como es la prohibición absoluta, al considerar que la prohibición absoluta para el autoconsumo es violatoria a la Constitución (...) Tampoco se sostiene que la mariguana sea una sustancia inocua, sino que el veto que hay ahora es excesivo". Los solicitantes, quienes, por cierto, no son consumidores, tampoco se anduvieron por las ramas, alegando que "La prohibición para consumir mariguana se basa en un perjuicio sustentado en valoraciones morales y no en estudios científicos".

Nada de esto implica en modo alguno la legalización o despenalización de la droga, como descuidadamente han cabeceado algunos medios, y sigue tan vigente como antes el impedimento al tráfico y comercio. El quid reside en que el amparo amplia, siempre y cuando sea para autoconsumo, el derecho al cultivo y a la preparación de la sustancia; recordemos que desde 2006 el consumo está despenalizado en México y que, en teoría, cualquier persona puede portar o fumarse hasta 5 gramos de mota. Al margen de que bien sabemos que esa letra está más muerta que el honor de un diputado, el asunto aquí es que, hasta ahora, esos 5 gramos no tenían procedencia legal posible.

De esto a que la sustancia tenga un estatus similar al que tienen el alcohol o el tabaco hay un gran trecho, aunque el camino ha quedado abierto. Hay que agradecérselo a Smart, la agrupación de cuatro ciudadanos que, en vez de joder la vida nacional bloqueando calles y tirando molotovs, le apostó al manejo legal, institucional, de un problema ante el cual el Ejecutivo se ofusca y el Legislativo se acobarda. Y, claro, a la Suprema Corte, que ha dado ejemplo insólito de que en México pueden existir instituciones viables que, al margen de veleidades populares o de oportunismos políticos, son capaces de tomar decisiones racionales con miras al bien común.

Twitter: @robertayque

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