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Opinión

La visión liberal del Estado mexicano

Ricardo Velázquez

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El liberalismo mexicano es una de las corrientes más avanzadas de nuestra sociedad, promovió y realizó cambios de enormes proporciones: de la sociedad colonial rígidamente estamentada a la sociedad actual. Fue, sin duda, un cambio de gran magnitud, profundidad y trascendencia.

Nuestra visión del siglo XIX es de pugnas y polémicas sobre tres cuestiones fundamentales: las relaciones Estado- Iglesia, las formas de organización política y las expresiones nacionalistas e intervenciones de intelectuales, de militares y de políticos. Los protagonistas utilizaron todas las formas de persuasión, desde la tribuna hasta el campo de batalla; se trataba de un proceso contradictorio en el que se admitían libertades parciales y se exigían poderes totales.

El pensamiento liberal mexicano ha sido revisado ampliamente y una fuente para el análisis de este periodo corresponde a las constituciones. Diego Valadés considera que aunque en ellas se reflejen los puntos de vista de la mayoría, también hay aspectos en los que hubo consensos y que a partir de ellos se fue consolidando la visión liberal de la sociedad y del estado mexicano. Los vaivenes de este periodo formativo del país se expresan en sus constituciones: republicanas y monárquicas, federales y centralistas, autoritarias y libertarias, convencionales e innovadoras; en este sentido nuestro proceso histórico fue contradictorio.

Las confrontaciones, la búsqueda del control del poder más que la participación en él propiciaron una actitud político-ideológica intransigente que llevó a constantes procesos de exclusión y a una cultura de la desconfianza en quien se ejercía la titularidad de la función pública. Pero entre la desconfianza y la intransigencia se fueron abriendo paso las ideas fundamentales en la vida mexicana y se fueron dando etapas evolutivas del Estado y de la sociedad. Desde diferentes perspectivas doctrinarias se alentaron distintas formas de organizar el poder pero también se fueron edificando conceptos básicos acerca de los que no podía haber discrepancia.

Así, José María Luis Mora describe el carácter de los mexicanos y elabora un retrato social de esa naciente sociedad independiente, diciendo que la población mexicana puede dividirse en tres clases sociales: la militar, la eclesiástica y la de los paisanos o criollos. La más numerosa, influyente, ilustrada y rica es esta última, que se compone de negociantes, artesanos, propietarios de tierras, abogados, obreros y empleados; en ellos se hallan en el día las virtudes, el talento y la ciencia; ella da el tono a las demás y absorbe toda la consideración del público, por hallarse en su seno lo que se llamaba antigua nobleza del país, que ha empezado a tener aprecio después de la independencia. Con base en este análisis podríamos establecer que los criollos defienden su patrimonio de herederos de la Conquista. Este patrimonio es la base material de la que surge la idea de patria; considerada no sólo como el lugar en donde se ha nacido sino ligado por vínculos afectivos.

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