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Jueves , 13.12.2018 / 15:06 Hoy

Opinión

La cultura como patria

Ricardo Velázquez

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Un aspecto destacado en el siglo XIX fue la participación de los intelectuales en la construcción de la nación. La mayoría de los escritores liberales participaba con ideas y actos. Entre esta pléyade están Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez, quienes en distintos momentos ocuparon cargos gubernamentales. Su propósito fue construir el nacionalismo mexicano, transformar una sociedad que salió de la Colonia para convertirla en una comunidad guiada por las ideas del progreso y la civilización. Aunque el concepto cultura nacional no aparece en sus escritos, la entienden como patria.

Por eso, para Altamirano, amar a la Patria es ese deber, ser el pedestal de bronce de todo altar que levante el trabajo… La patria estimula la idea de honor, las esperanzas del trabajo, infunde el aliento en el pobre, anima al ignorante, ennoblece la fortuna del rico, enciende su antorcha sagrada sobre la tumba del sabio. Las mezquinas aspiraciones del egoísmo por sí solas no compensan los goces de esta armonía social que se llama patriotismo.

En sus esfuerzos por crear una literatura nacional, Altamirano y Ramírez aportaron temas y tratamientos vigentes durante muchas generaciones y conformaron un sentir común. Consagraron buena parte de su actividad literaria a la tarea de construir la conciencia nacional pues para ellos la lucha política no puede disociarse de la cultural. En este sentido, los hombres de letras no deben enclaustrarse en una torre de marfil sino participar en la vida política y difundir la ideología que les parezca más justa.

Como la mayoría de pensadores liberales ortodoxos, estos novelistas y periodistas no valoraron las implicaciones que las Leyes de Reforma tuvieron en la destrucción de las propiedades de las comunidades indígenas, pues para ellos, el provecho individual era el gran motor de la actividad humana y al destruirse la base económica del poder de la Iglesia, podía eliminarse el gran obstáculo para construir una sociedad de pequeños propietarios.

Irónicos y críticos, ejercieron su libertad de pensamiento mediante el análisis social y de la estructura política. Sin embargo, estos intelectuales fueron deslumbrados por los progresos técnicos y científicos de Europa y de los Estados Unidos de América, por la ideología del progreso y de la técnica, que rápidamente adoptaron. Para ellos, la identidad nacional se iría conquistando gradualmente por dos vías: la imitación de los grandes maestros y el desarrollo científico.

Su fe en la utilidad presente y futura de la ciencia para los países con un pasado colonial los impulsó a fundar numerosas sociedades científicas como la Sociedad de Geografía y Estadística, promover liceos, grupos literarios y publicaciones.

La democracia es solución a todos los males y el valor al que se aspira con más insistencia. Acaso, por su formación europeizante y su ideal liberal, no alcanzaron a comprender con profundidad el problema de las culturas indígenas y su rica variedad. Su visión de lo indígena es reduccionista, con enfoques paternalistas; y pretende superar sus problemas mediante un necesario proceso de municipalización.

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