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Viernes , 14.12.2018 / 18:08 Hoy

Opinión

Educación y formación

Ricardo Velázquez

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Educación y formación significa que pudiendo no hacer lo correcto, se tome la decisión de hacerlo. Se traduce en riqueza que permite la tolerancia y respeto hacia el entorno, la familia, la sociedad y el Estado. El conocimiento se desprende de la educación y formación que se recibe no sólo en las instituciones educativas, sino en los entornos sociales. Y eso es riqueza.

Estos preceptos vienen acompañados, no de cambios materiales sino de mejoras en la esencia personal, mismos que generan un cambio cultural, no anhelando el mundo perfecto porque con lo que le hemos hecho ese momento no llegará, empero sí podemos mejorar, iniciando con la conducta; alejándonos del concepto económico de que vivir es igual a tener. No busquemos más allá de la estabilidad material, que es necesaria; sin embargo, más lo es la libertad; haciendo lo que se desea sin molestar al otro. Como ha dicho José Alberto «Pepe» Mujica Cordano: “Hay que vivir liviano de equpaje”, desatándose de la ley de la necesidad, pues esas cargas no te dejan seguir por el camino que te llevará a tu éxito. Tomando como forma de vida la necesidad progresista.

Por ello, urge en nuestro país un sistema de enseñanza personalizado, que destaque las debilidades y oportunidades de cada persona, sin importar las diferencias entre ellos, pues estas también son parte de nuestra riqueza cultural. Las debilidades o dificultades detectadas permitirán ubicar a cada alumno en el nivel que le corresponde, sin importar la edad, garantizando que los potenciales problemas se diagnostiquen a tiempo y que los ritmos de aprendizaje de cada uno sean los óptimos. De igual manera, la detección de oportunidades permitirá aprovechar las capacidades, actitudes, aptitudes y talentos de cada uno para lograr un imponderable desarrollo.

Considero, que la educación básica debería formar a los próximos ciudadanos en principios y valores, en normas de convivencia, en el respeto irrestricto a las leyes, en el conocimiento de sus derechos y responsabilidades, en ética, en artes y cultura; no formando en el egoísmo y la competitividad, sino en el crecimiento personal, con una vida útil a los demás; porque, como he dicho antes: nosotros somos los otros responsables.

Es momento de tener coraje y perder el miedo para asumir el compromiso que a cada uno le corresponde. Se trata de corresponsabilidad, en donde todos y cada uno somos responsables de tener una participación activa en cada entorno, fortaleciendo así el sentido de pertenencia y ciudadanía, porque la ciudadanía no se obtiene sólo al cumplir la mayoría de edad y tener un modo honesto de vida como los establece el artículo 34, CAPÍTULO IV de nuestra Carta Magna. Hace falta sentirnos verdaderos ciudadanos para no salir huyendo del país en la primera oportunidad, para complementar ciudadanía con responsabilidad. Esa es la diferencia entre educación y formación, y tristemente nos hace falta el compromiso para el crecimiento en los dos aspectos; importantes y complementarios. Discurro que la verdadera mejora inicia en cada persona, familia, grupo, institución, agrupación y sociedad, hasta llegar a ser una verdadera ciudadanía, comprometida con su país.

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