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Sábado , 26.05.2018 / 15:30 Hoy

Antilogía

Infeliz "gasolinazo" 2017

Ricardo Monreal Ávila

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Hace dos décadas que no había un gasolinazo de casi 20 por ciento (1997). Meses después de ese aumento, el PRI perdería por primera vez en su historia la mayoría en la Cámara de Diputados y tres años más tarde la Presidencia de la República.

El PAN fue el usufructuario político de esos aumentos. A Vicente Fox le tocaron los años del auge petrolero. Con precios del crudo de exportación de hasta 110 dólares por barril y una plataforma de producción de cerca de 3 millones de barriles diarios, la primera presidencia panista prescindió de reformas fiscales y gasolinazos que implicaran algún costo político. Los excedentes petroleros de hasta 2 billones de pesos sirvieron entonces hasta para imponer a su sucesor, Felipe Calderón, así fuera por un 0.24% de margen.

En la segunda presidencia panista, las cosas cambiaron. Los excedentes petroleros empezaron a esfumarse, la plataforma petrolera decae y la crisis económica mundial de 2008 produce depreciación del peso, desempleo y aumentos a combustibles, luz y gas.

En 2009, en el marco de la elección federal intermedia, Calderón anuncia que no habría más gasolinazos (tal como lo hizo el actual gobierno en enero de 2015 y 2016), pero después debe recular y empezar la modalidad de los gasolinazos mensuales. De esta forma, de mes en mes, a lo largo de su sexenio, Felipe Calderón aumentó 106% el litro de diésel, 69% el litro de Magna y 45% el litro de Premium.

Con el gasolinazo de Año Nuevo, el gobierno de Peña Nieto ya registra los siguientes porcentajes: 48% el litro de Magna; 56% el de Premium y 56% el de diésel. Es probable que la actual administración, al concluir en 2018, registre menos gasolinazos que el gobierno de Calderón, pero la forma de hacerlo —un golpe de 20% en una sola exhibición— es lo que habrá de reportarle mayores costos que a cualquier antecesor.

Es precipitado deducir consecuencias políticas infranqueables del nuevo gasolinazo, pero lo que es un hecho es que consolida la tendencia de dos indicadores que van de la mano desde septiembre de 2014: la baja en la aceptación gubernamental y la pérdida en la preferencia electoral del PRI.

Los beneficiarios inmediatos de esa minusvalía son AMLO, el PAN y los candidatos presidenciales independientes.

A López Obrador se le alinea la realidad al discurso, y hasta la victoria de Donald Trump le redituó puntos, al repuntar el nacionalismo mexicano y al perder el miedo a los candidatos “antisistema”. Solo hace falta que Morena se implante territorialmente en el país y se acerque a posiciones ideológicas y programáticas de centro.

El PAN tiene la mejor estructura de la oposición, pero aún no resuelve su candidatura presidencial y carga con el pasivo de haber promovido la reforma energética, hoy en el ojo de la ira ciudadana. Los independientes, por su parte, deberán superar su dispersión.

El otro gran factor político “antisistema” son las redes sociales. Han logrado lo que ningún partido ni movimiento opositor en dos décadas de gasolinazos: movilizar de manera espontánea en más de 11 estados a consumidores indignados. Apenas un preludio de la ola ciudadana que podrán levantar en la elección presidencial de 2018.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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