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Lunes , 15.10.2018 / 14:49 Hoy

Antilogía

Ciudad ozono

Ricardo Monreal Ávila

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La contingencia ambiental de la semana pasada fue el primer síntoma de lo que podría ser un desastre mayor en los próximos años.

La urbanización del Valle de México ha conformado una megalópolis donde la megalomanía urbanística ha dejado su huella dactilar: falta de planeación, descoordinación entre autoridades, depredación del suelo urbano, voracidad de constructores privados y corrupción pública rampante.

De no actuar con atingencia en el fututo inmediato, al menos tres de los elementos fundamentales para la sustentabilidad de una ciudad y sus habitantes estarán en altísimo riesgo: el aire, el agua y el suelo. Uno conduce al otro, de aquí que la primera condición para el tratamiento de la contaminación sea su integralidad y su horizontalidad en el conjunto de políticas públicas.

En materia de contaminación ambiental (aire, agua, tierra), los referentes que tiene la Zona Metropolitana del Valle de México para no convertirse en la ciudad ozono de la semana pasada son dos: Vancouver y Melbourne,
las dos ciudades menos contaminadas del planeta, o Nueva Delhi y Karachi, dos de las urbes más contaminadas sobre la tierra.

¿Qué están haciendo las ciudades con mejor calidad de aire? Invierten en transporte público eficiente (metros, trenes eléctricos y monorrieles, así como metrobuses articulados); desincentivan el uso del automóvil particular con tarifas e impuestos especiales, al tiempos que estimulan los traslados vecinales colectivos en autos particulares; usan combustibles “limpios” (desde gasolinas con bajo contenido de azufre hasta los llamados “combustibles verdes”, a base de maíz y caña de azúcar); desarrollan políticas industriales de energías alternativas (solares y eólicas); fomentan la movilidad sustentable con cientos de kilómetros de ciclovías entre áreas verdes y arboladas; crean lagos y lagunas artificiales para inducir microclimas, corrientes de aire y oxigenación de las ciudades; tienen sistemas integrados de plantas de tratamiento de agua y reciclado de basura en los puntos extremos de las ciudades.

Los planes de desarrollo urbano de estas ciudades tienen claramente definidos los usos de suelo para los próximos 15 a 25 años, y quien sugiere las modificaciones no es la autoridad, sino un consejo de urbanistas y expertos, con un aval vecinal ineludible y obligatorio; revitalizan sus centros históricos con cambios de uso de suelo, de comercial o mercantil a turístico y cultural; en las principales arterias operan, además de fotomultas, un sistema de monitoreo de contaminantes de autos a distancia (OBD, On Board Diagnostics), donde los automovilistas son notificados de los altos umbrales de contaminación de sus unidades, conminándolos a su revisión; el sistema educativo local contiene una asignatura de educación y cultura ambiental, desde nivel primario o secundario; y lo más importante, tienen un sistema de instituciones y leyes que previene y castiga la corrupción, principal aliado del urbanismo autoritario y contaminante.

Con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s), una alerta ambiental como la decretada la semana pasada se hubiese socializado a 95% de la población en una hora máximo.

La moneda está en el aire de la ciudad de ozono, y tiene dos caras: más del mismo urbanismo depredador y contaminante, o urbanismo resarcitorio y amigable con la naturaleza.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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