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Martes , 19.06.2018 / 14:48 Hoy

Columna de Ricardo Monreal Ávila

¿Lo "caido, caido"?

Ricardo Monreal Ávila

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Llevo diez meses intentando regresar varios millones de pesos al erario, pero me siento como Josef K., el personaje de El Proceso, de Franz Kafka, quien no encuentra la ventanilla adecuada para que atiendan su caso y hasta termina creyéndose culpable de un delito no cometido.

El 17 de octubre de 2013, mediante oficio, regresé a los órganos administrativos de la Cámara de Diputados 7 millones de pesos que habían sido depositados en la cuenta bancaria del grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano bajo el concepto “subvenciones extraordinarias”. Es decir, una suma adicional a las subvenciones ordinarias fijas, ordinarias variables, apoyos legislativos y pagos de honorarios que por ley reciben los grupos parlamentarios.

Por ser un rubro no contemplado expresamente en los ordenamientos correspondientes, procedí a reintegrarlo. Además, esas subvenciones chocan con las iniciativas que hemos presentado para que los legisladores, jueces y miembros de la alta burocracia recorten sus ingresos un 50%, así como con los planteamientos de una mayor transparencia y rendición de cuentas en el manejo de los recursos públicos.

El 14 de abril de este año, regresé una segunda subvención extraordinaria por 5 millones de pesos que corrió la misma suerte que la primera. Al insistir que eran partidas sin propósito específico y destino indeterminado se me comentó que “esos recursos podrían emplearse por el coordinador o darle el destino que se quisiera”.

Comenté entonces que si era mi facultad discrecional especificar su uso, el destino que estaba decidiendo darle en ese momento era reintegrarlo al erario.

El 30 de julio se recibió en la cuenta del grupo parlamentario una
tercera subvención extraordinaria por 3 millones. Para entonces sumaban 15 millones de pesos.

Agotada la instancia administrativa de la Cámara, procedí entonces a dirigirme a la Tesorería de la Federación, proveedora original de esos recursos, con un cheque certificado de caja.

Se me respondió que no existía ni antecedente ni procedimiento preestablecido para la recepción de tales partidas, ya que al provenir de un poder independiente y autónomo constitucionalmente se daban por legalmente ejercidas y ejecutadas. Sin embargo, de buena manera, me ofrecieron estudiar el caso y darme una alternativa en pocos días.

La respuesta llegó el pasado 12 de agosto, ratificando que “los reintegros de los recursos presupuestales a la Tesorería de la Federación deben efectuarse, en su caso, por la unidad ejecutora del gasto a la que se haya ministrado el recurso: en este supuesto, la Cámara de Diputados a través de la Dirección General de Finanzas adscrita a la Secretaría de Servicios Administrativos y Financieros”. Es decir, debía regresar al punto de inicio de esta partida de ping-pong burocrático.

El pasado viernes y ayer lunes procedí a enviar sendos oficios a los presidentes de la Junta de Coordinación Política y de la Mesa Directiva de la Cámara, para que se sirvan girar instrucciones a la Dirección de Finanzas a fin de que, por ese conducto, se realice la devolución correspondiente, con el procedimiento y la comprobación a que haya lugar.

Después de este peregrinar recordé una clase del maestro Ignacio Burgoa, donde comentó que el verdadero fundador del derecho presupuestal mexicano era César Garizurieta, El Tlacuache, cuando resumió los tres principios que regían el manejo patrimonialista de los recursos públicos: “el presupuesto es de quien lo trabaja”; “según el sapo es la pedrada”; y “lo caido, caido”.

El espíritu de El Tlacuache no solo pervive en algunas áreas de la administración pública, sino también en algunos dirigentes políticos, opinadores y grupos de interés que no solo se han mostrado incrédulos y hasta ofendidos por la devolución de 15 millones de pesos, sino que, como a Josef K., culpan, sentencian y juzgan de manera sumaria por faltas inexistentes. Si hubiera dispuesto de ellos, seguramente me aplaudirían y me tratarían como Gran Señor.

No hay para dónde hacerse. Las subvenciones extraordinarias o submecatum deben ser devueltas a sus legítimos dueños: los contribuyentes.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

http://twitter.com/ricardomonreala

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