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Domingo , 27.05.2018 / 05:40 Hoy

Columna de Ricardo Monreal Ávila

Inmovilizando a México

Ricardo Monreal Ávila

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Entre diciembre de 2012 y marzo de 2014 (15 meses), el PIB ha crecido 0.28 por trimestre.

Esto refleja dos cosas: 1) la economía no reacciona ni se entusiasma con el paquete de reformas económicas del Pacto por México (desde la laboral hasta la financiera —ya vigentes—, ni mucho menos con la energética ni la de telecomunicaciones que estarían a punto de turrón); 2) la primera quinta parte de este gobierno reporta el tercer peor desempeño económico en los últimos 30 años, solo superado por los inicios megadevaluatorios de Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo.

Esa es precisamente la gran paradoja. Habiendo recibido la economía en un entorno de estabilidad, control macro y en relativo movimiento; la actual administración la está inmovilizando, al inducir un entorno recesivo y desestabilizador.

Las explicaciones oficiales por el bajo crecimiento son todas atendibles, pero sumamente endebles. Se centran en la “temporalidad” de las causas. Por ejemplo, el cambio de gobierno de PAN a PRI a finales de 2012 habría causado retraso en el diseño y aplicación del gasto público en 2013.

No se dice que al ofrecer un “déficit público cero”, para conseguir el reconocimiento de los mercados financieros, el gobierno entrante deliberadamente frenó el gasto.

Unos años después aquella bendición de los mercados internacionales se ha vuelto rechifla ante la posibilidad de que el incremento de la deuda pública en el periodo 2014-2015 alcance de 2 a 4 puntos del PIB, algo que no se veía desde los gobiernos de Echeverría y López Portillo.

Por lo que respecta al bajo desempeño del primer trimestre 2014, el gobierno señala tres factores “temporales”: el crudo invierno en Estados Unidos, el cambio de fecha de la Semana Santa (el año pasado fue en marzo, hoy ocurrió en abril) y la caída en la producción de petróleo. Se omite o minimiza el principal factor: la contracción transversal que produjo la reforma fiscal en el consumo interno, en los ingresos de las clases medias y en los planes de inversión de las empresas.

Por ejemplo, el “impuesto a los gorditos” (desde refrescos hasta pan industrializado) está provocando anemia en el gasto familiar de los hogares más pobres, ya que significó un aumento de 16% en su gasto diario, según reporte de la consultora comercial Nielsen.

Por su parte, los empleados de ingresos medios han visto reducir sus percepciones mensuales por las nuevas tasas del ISR. Un testimonio: “Tengo un ingreso mensual de $ 7,000.00 y, según mi empresa, por ajuste de ISR tuve que pagar $ 3,051.12, que me van a descontar en 7 quincenas; en ningún año anterior había yo pagado tanto de ajuste, y creo que algo está mal pero ya lo hemos revisado y no encontramos que esté mal, porque ahora el ingreso anual gravable es de $ 84,006.36 y debo pagar 34%. Se me hace demasiado el cobro y considerando que tengo que pagar Infonavit, pues me queda muy poco de salario...” (José Peredo Munguía, encargado de almacén, SAPI de CV).

Cuando una economía es impactada severamente por factores estacionales como el invierno del país vecino, el cambio de fecha de Semana Santa, la transición administrativa en el gobierno y hasta el estornudo de la tía Cleofas, esa economía tiene defensas muy bajas y esconde una debilidad estructural mayor. Si a ello le agregamos acciones relevantes como el freno deliberado al gasto público en 2013 y la aplicación de una reforma fiscal extractiva este año, tenemos enfrente el cuadro completo de una economía estancada e inmovilizada.

Este año se ha quitado el freno al gasto. Pero se impuso el candado de la reforma fiscal. Y éste es más inhibidor que aquel. Con un agravante mayor: es un gasto deficitario, financiado con deuda pública.

Además de 140 mil empleos que no se crearán y de inversiones por 160 mil millones de pesos que dejarán de hacer particulares y gobierno, el recorte a la expectativa del PIB en 1.2 puntos traerá turbulencia política en el gobierno. Ante la posibilidad de que el PRI pierda terreno en las elecciones federales y locales de 2015, los términos de la disputa entre políticos y técnicos al interior de ese partido parece más que previsible. Los primeros argumentarán, “¡es la economía, estúpido!”; mientras que los segundos replicarán, “¡es el producto interno, bruto!”.

http://twitter.com/ricardomonreala

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