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Miércoles , 16.01.2019 / 07:41 Hoy

Antilogía

‘Chapo’pote

Ricardo Monreal Ávila

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El juicio contra El Chapo en Nueva York plantea varias interrogantes: ¿Qué tan válidas son las revelaciones de un testigo protegido? ¿Qué postura debe asumir el gobierno mexicano? ¿Qué lecciones debemos aprender en México?

Las declaraciones de un testigo protegido, en cualquier parte del mundo, no son confiables, porque presentan un vicio de origen: responden al interés del juzgador, y a la motivación del testigo de obtener beneficios judiciales y económicos.

Sin embargo, tampoco se pueden subestimar y desechar por completo, sobre todo cuando existen fuentes complementarias, como documentos clasificados u oficiales que refuerzan lo dicho en un tribunal.

Las declaraciones de Jesús El Rey Zambada y de Vicente Vicentillo Zambada contra su ex socio son chapopote puro para el sistema de seguridad, procuración y administración de justicia en el país, porque estarían corroborando que la delincuencia organizada en México es ante todo una delincuencia protegida por los mismos cuerpos de seguridad encargados de combatirla.

Esto es algo que se presumía, especialmente desde las revelaciones de los cables de WikiLeaks sobre México y la guerra contra el narcotráfico, pero de lo cual no existía evidencia cierta hasta antes de este juicio, donde los informantes son los mismos directivos del grupo criminal.

Los Zambada revelan el chapopote de la corrupción con la que operaba el cártel de Sinaloa, lo que le permitió erigirse en una de las corporaciones más fuertes del mundo criminal a nivel global.

La nómina de protección llegaba al millón de dólares mensuales, según Vicentillo, y contemplaba a altos mandos de la Sedena, del Estado Mayor Presidencial, la PGR, la PF, policías estatales, municipales y hasta la Interpol misma, según El Rey Zambada.

Es de presumir que una nómina similar de protección se tendría que haber pagado desde Sudamérica hasta Estados Unidos, dado el carácter trasnacional del cártel. Sin embargo, nada de esto saldrá a relucir en el juicio, por estar previamente pactado que la única información que se ventilaría en el proceso sería la relativa a las actividades y sobornos del Chapo.

Los ex funcionarios mexicanos imputados deberían salir a dar la cara y responder de manera contundente a las acusaciones formuladas, de no ser así causarán estado de verdad. La justicia nacional, por su parte, debería tomar nota puntual de estas acusaciones, para validarlas o desecharlas por infundadas. De otra forma, la inacción abonaría a la deteriorada situación de la procuración de justicia en nuestro país.

Debemos entender que el que está siendo procesado en Nueva York no es solamente un narcotraficante connotado, sino el sistema de seguridad, procuración y administración de justicia mexicano de los últimos 15 años. En un mundo donde la seguridad, la justicia y la defensa de los derechos humanos es cada vez más global, este tipo de juicios extraterritoriales serán cada día más frecuentes.

El chapopote no solo embarra, mancha y ennegrece. También se usa para asfaltar caminos. Desde Nueva York están llegando buenos motivos para rehacer los cuerpos de seguridad y justicia que hayan fallado. Son las mismas buenas razones para empezar a contemplar un nuevo cuerpo para la seguridad interna y pública.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

@RicardoMonrealA

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