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Martes , 18.09.2018 / 08:59 Hoy

Perspectiva Jurídica

Los males endémicos

Ricardo Cisneros Hernández

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La corrupción es el talón de Aquiles de México porque facilita y fomenta la impunidad, la denegación de justicia y la desigualdad; y, naturalmente, porque provoca la pérdida de la confianza en los gobernantes y con ello disipa la finalidad común y la igualdad de propósito que deberían de cohesionar a la nación.

Lamentablemente esos males son endémicos; son una enfermedad que se ha padecido históricamente lo que dificulta más su extirpación.

Leopoldo Lugones, en su libro: El imperio jesuítico, hablando de la España que descubrió y conquistó al Nuevo Mundo, hace una reseña del gobierno, la corrupción y la injusticia que ilustra dolorosamente nuestra realidad actual; dice: “”Distinguían al hombre de la ley su venalidad y su torpeza.

Si era Juez, el delito se le escapaba siempre; si alguacil, su pesquisa no daba sino en algún inocente desvalido, que pagaba por justos y pecadores.

Era costumbre inveterada, desde dos siglos atrás, que los cuadrilleros de la Santa Hermandad sisaran (hurtaran) en los robos que descubrían.

Las pandillas de ladrones habían llegado a reservar la quinta parte de sus robos, en los recuentos semanales que practicaban, como renta de soborno; éste daba al empleado una fuente de recursos, si no lícita, tolerada a lo menos; y con tales costumbres, el ideal de justicia fue sustituido por la perfección del procedimiento.

La cuestión era tener víctima, y para esto servía cualquier prójimo, encargándose del resto la tortura. Derecho y jueces andaban a la greña.

La obra escrita era admirable, y las Leyes de Indias forman por sí solas un monumento; pero el hecho de ser uniforme para un continente de regiones tan diversas revela su carácter artificioso. El conflicto residió siempre en que la Corona legislaba, pero no tenía cómo aplicar su legislación.

El hombre de ley era un empleómano (burócrata), y de aquí provenían todos sus defectos. Soberbio con el pueblo, en la oficina se rebajaba a instrumento de sus subalternos, que le ganaban el lado flaco de la venalidad, convirtiéndolo en su cómplice; y en ese estado de cosas el pueblo correspondía con el más profundo desprecio hacia el hombre de la ley””.

Por la gravedad de la situación que vivimos, la urgencia nacional es que el gobiernoobtenga la confianza popular para detener la descomposición, y eso sólo podrá lograrlo aplicando la máxima de Confucio: Gobernar es actuar con rectitud.

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