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Miércoles , 15.08.2018 / 11:00 Hoy

Perspectiva Jurídica

Ley para la Familia de Coahuila I

Ricardo Cisneros Hernández

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La realidad es cambiante y por lo tanto es irrebatible la necesidad de crear nuevas leyes para que ofrezcan respuestas adecuadas a las relaciones sociales. Oponerse a la transformación es, además de torpe, inútil. Sin embargo, lo que sí debe de hacerse es cuidar que las nuevas leyes sean razonables.

Las leyes son razonables cuando se comprende su significado y la necesidad de su existencia. Por lo que debende observarse, necesariamente, las reglas y los métodos de la gramática, la lógica y latécnica jurídica. Por otra parte, siguiendo el pensamiento de Kelsen, deberá de evitarse que la política subordine a la ciencia jurídica.

Las leyes que no acatan esos principios son difíciles de interpretar porque contienen conceptos ambivalentes, esto es contradictorios unos con otros, lo que provoca su anulación. La nueva Ley para la Familia de Coahuila, publicada el 15 de diciembre de 2015 y que entrará en vigor el próximo mes de julio, padece algunos de esos desaciertos; lo que en seguida expongo.

El Código Civil siempre ha sido un sistema que reúne de manera coherente e integral las instituciones jurídicas referentes a los atributos de las personas físicas, las relaciones familiares, las sucesiones hereditarias, los bienes patrimoniales, las obligaciones, derechos y negocios jurídicos. La Ley para la Familia segrega del Código Civil todo lo relativo a las relaciones familiares.

Ese desprendimiento obedece a la tendencia de crear leyes sustantivas y procesales especializadas en una situación social. La multiplicidad de leyes rompe el orden sistemático; en efecto, un sistema es un conjunto de cosas coordinadas entre sí y subordinadas a un principio superior. El rompimiento conlleva el peligro de que las leyes sean incompatibles entre sí.

Eso sucedió en el Derecho Mercantil que primero se separó del Derecho Civil, provocando la existencia de dos códigos distintos, sin que hasta la fecha se haya definido qué es un acto mercantil; después se desprendieron del Código de Comercio sus instituciones más importantes para regularlas en leyes especializadas. Eso lo convirtió en un esqueleto y produjo un caos de normas sustantivas y procesales.

Es cierto que el tiempo juzgará esa práctica. Pero lo palpable desde ahora es que la Ley de la Familia es en gran parte farragosa e imprecisa por la incorporación o uso del lenguaje de género. Situación que examinaré en mi próximo artículo.

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