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Lunes , 15.10.2018 / 16:59 Hoy

Perspectiva Jurídica

La prohibición de las drogas

Ricardo Cisneros Hernández

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Existe el consenso general de que la prohibición y penalización de las drogas ha provocado mayores daños que el consumo. Ha creado organizaciones criminales con la economía y la fuerza suficientes para enfrentar a los gobiernos y amenazar la viabilidad de muchos Estados. Día a día se agudiza la crisis humanitaria por los homicidios, desaparecidos, huérfanos y desplazados.

Los países no pueden resolver este problema de manera individual; por su magnitud requiere un análisis global sobre la producción, comercialización y consumo de todas las drogas actualmente prohibidas, sobre las causas reales de la prohibición, los daños a la salud de los consumidores y sus efectos sociales para con los resultados instrumentar y operar una política internacional.

En México, entre otros, el ex presidente Zedillo, Juan Ramón de la Fuente, Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín han abordado de manera objetiva y fundada las preguntas fundamentales sobre el tema: ¿Qué hacer con las drogas y si es mejor regularlas que criminalizarlas? Además, se llevó a cabo un debate nacional sobre el consumo de mariguana.

La ONU celebrará en este mes una sesión especial para debatir sobre el tema a la cual no asistirá el presidente Peña Nieto; por lo que perderá la oportunidad de reflexionar frente al mundo sobre los resultados de la guerra mexicana contra el narcotráfico, ydesaprovechará la experiencia de la deliberación comunitaria. Su ausencia será un desprecio al problema más serio que padecemos: la inseguridad.

En mi opinión, la política internacional que ha impuesto la prohibición y penalización de las drogas obedece a motivos políticos, económicos, religiosos y militares, más que al cuidado de la salud física y moral de las personas, la paz y el orden social.

Siempre se han usado la invención de pecados y la aplicación de castigos reales para mantener el control social, el poder y las ganancias.Se crean o exageran los efectos de una cosa o de una conducta, se prohíbe su realización y se castiga a quienes la cometen.

Hannah Arendt en su obra La vida del Espíritu cita a Pablo quien en la Epístola a los romanos dice: “Si la ley no dijera: No codiciarás, yo no conocería la codicia”. Arendt concluye así: “De modo que el mandato de la Ley activó en mi toda concupiscencia porque sin la ley el pecado está muerto.”

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