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Perspectiva Jurídica

La Guerra y la Paz

Ricardo Cisneros Hernández

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La paz mundial y el respeto a la dignidad de las personas ha sido un anhelo permanente. De ese deseo nació en Europa, durante los siglos XIV y XV, el Humanismo: el movimiento intelectual desarrollado con la esperanza de pacificar a los pueblos, de superar la opresión y de exaltar los valores humanos.

El Humanismo, inspirado en los clásicos griegos y latinos, postula que todos tenemos de manera innata derechos fundamentales; y que por lo tanto las naciones deberían de estructurarse teniendo como objetivo el bien común. El Renacimiento con su cauda de pensadores y artistas es fruto de esa filosofía; como también lo son las teorías contemporáneas sobre los Derechos del Hombre y el Ciudadano.

Sin embargo, mientras que en las artes y en los textos legales se impuso la inspiración humanista, en las relaciones internacionales y en el trato entre personas sigue vigente la sentencia de Hobbes: “El hombre es el lobo del hombre”. Veredicto que persiste por los mismos motivos egoístas: la explotación económica y la imposición religiosa o ideológica como formas de subyugación.

Las potencias actuales imponen sus intereses económicos y su ideología mediante la acción militar directa o provocando guerras intestinas en los países que quieren oprimir; y cubren sus intenciones pretextando la defensa de la paz mundial y el triunfo de la democracia. Así lo hacen EEUU y sus aliados para seguir expoliando a los países árabes e imponerles la occidentalización como forma de vida.

Son ejemplos dramáticos las invasiones a Afganistán e Irak, y las revoluciones provocadas en Siria y Libia. Esas guerras injustas han aumentado, fortalecido y cohesionado a los fundamentalistas del Estado Islámico que recurrieron primero al terrorismo como reacción y después con el propósito de dominación.

A pesar de los anhelos de paz y bienestar, la constante ha sido la guerra y el sufrimiento. Así, ahora, la guerrilla y el terrorismo son formas violentas para derrocar gobiernos; y, lamentablemente, igual que en la guerra entre ejércitos los inocentes son las victimas más numerosas e indefensas.

El terrorismo es condenable bajo cualquier circunstancia, pero para abatirlo debería de ser objeto de un debate internacional humanista que privilegie la autodeterminación y la erradicación de la explotación como vías adecuadas para cultivar la paz mediante el respeto a la vida y la pluralidad étnica y cultural.
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