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Domingo , 22.07.2018 / 07:49 Hoy

Perspectiva Jurídica

La globalización y la reforma Energética

Ricardo Cisneros Hernández

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El gobierno y los empresarios con capacidad para competir en la explotación del petróleo y la electricidad festejan la reforma energética, que innegablemente rompió con los antiguos tabús y paradigmas pero cuya eficacia y beneficio popular es difícil de juzgar. Sin embargo, si podemos contextualizarla en hechos ciertos para no echar las campanas al vuelo y tampoco satanizar las nuevas leyes. El escenario real de la reforma es la globalización; y en él debería de aquilatarse por la importancia del petróleo y el poder mundial económico y político de los actores. Los pilares de la globalización son las libertades de mercado, de tránsito de personas y mercancías y de flujo de capitales. Los efectos hasta ahora son dramáticamente contrastantes: ha beneficiado a países con alianzas internacionales; y el desarrollo inaudito de la ciencia y la tecnología; ha fomentado los consorcios mundiales más poderosos que varios estados y la acumulación de riquezas; pero a costa del aumento de la pobreza y la depredación de los recursos naturales con su secuela de crisis alimentarias, analfabetismo, violencia, enfermedad y marginación.La fortuna de los 200 hombres más ricos suma el PIB de las 43 naciones más pobres; y la quinta parte de la población más rica posee el 80% de los recursos económicos mundiales. La globalización carece de una concepción humanista integral y ha entronizado a los intereses económicos. La doctrina llama globalización controlada a la que se da por la cooperación entre estados; y salvaje a la que imponen los consorcios internacionales. Ambas debilitan las soberanías nacionales para internacionalizar y uniformar el derecho y los tribunales. México avanza en ese sentido: primero la doctrina y la praxis política minaron el nacionalismo y la soberanía, hasta que fueron considerados negativos para el desarrollo; y segundo se han ido reformado las leyes y haciendo nuevas para limitar el poder del Estado y facilitar la participación de las empresas mundiales. Entre las reformas destacan la inclusión en la Constitución de los tratados internacionales en derechos humanos; los municipios autónomos regidos por sus usos y costumbres; el nuevo sistema de justicia; el Código de Comercio; la Ley General de Sociedades Mercantiles y la Ley del Mercado de Valores. Me parece que la nueva legislación energética responde en gran parte a ese propósito. Ahora bien, la globalización es un hecho consumado y es inevitable la participación de México; lo que sí podemos y debemos de hacer es defender el humanismo para el restablecimiento de la dignidad integral del hombre a través de la justa distribución del trabajo y de los frutos; y, así, remediar la segregación y la pobreza.

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