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Martes , 17.07.2018 / 04:21 Hoy

Perspectiva Jurídica

La estrategia revolucionaria

Ricardo Cisneros Hernández

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Para luchar contra la arbitrariedad y la injusticia los ciudadanos tenemos tres opciones: el conformismo, la revolución, o el reformismo que funde los valores de la democracia y el socialismo para transformar los sistemas despóticos en regímenes justos.

Los Estados con mayor progreso humano y económico han optado por el reformismo en cualquiera de las variaciones de la socialdemocracia. Por el contrario, los menos favorecidos se caracterizan por los abusos y la impunidad de sus gobiernos, y por la pasividad permisiva de los ciudadanos. Situación propicia para las revoluciones.

Por eso, a pesar de que el cambio por medio de la violencia está concebido en la doctrina marxista-leninista, y por lo tanto su aspiración y experiencia es la lucha entre clases sociales, la instauración de regímenes dictatoriales a través de un partido único, los activistas enarbolan como bandera la construcción de un México con mejores prácticas democráticas.

Una revolución con esas características ha estado latente desde muchos años y ha tenido sucesos relevantes y trascendentes como los del 68. Siempre está al acecho para provocar o infiltrarse en los conflictos sociales e intentar que se sumen los inconformes para estructurar la escalada de la violencia popular con el pretexto de defender una causa justa. Su meta inmediata no es el éxito total sino provocar un impacto dañino.

El gobierno cuando reformó arbitrariamente las condiciones laborales del magisterio, sin considerar las diferencias socioeconómicas y culturales de las regiones de los Estados, la beligerancia de las normales rurales y la existencia de la guerrilla comunista, otorgó a los revolucionarios la oportunidad de organizar y dirigir el movimiento magisterial y de aglutinar a los marginados en el marco de una batalla popular.

La revuelta ha lastimado gravemente a la nación y ha pasmado al gobierno, ante el cual, ahora, se levanta la protesta justa y comprensible de los sectores productivos; lo que puede motivar que los sediciosos confronten directamente a los empresarios y los exhiban como el enemigo común de los desposeídos para concitar la generalización de la insurrección.

Es imprescindible que el gobierno actúe de inmediato con la fuerza apegada a la razón y al derecho; y que los ciudadanos comprometidos con la tranquilidad y el orden participemos en la transformación pacifica del gobierno y la sociedad; y no seamos conformistas ni ante los malos gobiernos ni ante los falsos revolucionarios.

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