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Domingo , 21.10.2018 / 23:14 Hoy

Perspectiva Jurídica

De los cimientos de la cultura a internet

Ricardo Cisneros Hernández

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Se han consagrado los libros como la fuente del conocimiento, por lo que algunos culpan a la televisión y a Internet de atrofiar los conceptos y el pensamiento abstracto, en vez de celebrar sus beneficios y abrir la mente al porvenir.

Internet reúne mágicamente los cimientos sobre los que se ha erigido la cultura: las imágenes y el lenguaje hablado y escrito. Primero fueron las pinturas rupestres, luego los pensamientos acerca de sí mismo y de las causas de las cosas, y después la escritura.

Las tradiciones fundacionales dicen que los dioses revelaron el conocimiento a los hombres escogidos, quienes luego lo transmitieron oralmente a sus discípulos. Por ejemplo: los Upanishads son conocimientos metafísicos y espirituales revelados que el alumno aprende sentado a los pies del maestro.

Fernando Báez en Los Primeros Libros de la Humanidad, narra que Sócrates llamó Mayéutica, que significa el arte de la partera, a su forma de enseñar, porque enseñar es sacar a la luz los conocimientos de la mente de los discípulos haciéndoles preguntas para que recuerden. Y respecto de la invención de las letras, Sócrates refirió lo siguiente:

“Toth, a quien los egipcios atribuían la creación de la escritura y otras artes, llegó hasta Thamus, rey de Egipto, a mostrarle sus artes. El rey preguntó las cualidades de cada una. Cuando llegaron a las letras Toth dijo: Este conocimiento hará a los egipcios más sabios y memoriosos. El rey contestó: Oh artificioso Toth, tú atribuyes a las letras poderes contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo que producirán en quienes las aprendan al descuidar la memoria, ya que fiándose de lo escrito, llegaran al recuerdo desde afuera, y no desde dentro de ellos y por sí mismos.”

En la Edad Media, ya inventado el libro, la gente iba a las catedrales a escuchar las cátedras de los maestros: así nacieron las universidades. Una vez popularizada la imprenta se dijo que la verdadera universidad eran los libros.

Ahora, tenemos los libros para la introspección e Internet para, como antes, ver y oír a los grandes maestros de las ciencias y las artes. Pero para beneficiarnos de ambos medios debemos actualizar la sentencia socrática de aprender por uno mismo, mediante el cuestionamiento interior y la discriminación para preferir lo esencial y rechazar superfluo y perjudicial.

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