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Perspectiva Jurídica

Confundir el efecto con la causa

Ricardo Cisneros Hernández

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Las clases política y económica tradicionales tratan de convencer que López Obrador es el autor de la amenaza que llaman populismo.

Eso es confundir el efecto con la causa. Los males que siempre han lacerado a la población, empeoraron con el neoliberalismo, la violencia y la impunidad de los últimos sexenios presidenciales.

Es natural que quienes sufren en carne propia el hambre, la desigualdad y la discriminación anhelen un cambio, aún sin saber en qué consista ni cuáles serán los resultados.

Y es predecible que los hombres y mujeres sensibles al dolor del prójimo, y conscientes de que la sociedad está siendo privada de sus cimientos morales y culturales, también aspiramos al cambio y la renovación.

Así, la injusticia en todas sus manifestaciones es la causa real del resentimiento social. Y, hasta ahora, sólo López Obrador ha sido capaz de darles presencia y voz a los que la padecen.

Lo deseable es que hubiera otros candidatos que plantearan el cambio conjugando con equidad los intereses de las diferentes clases sociales. Pero, lamentablemente no los hay.

Es cierto que un líder carismático si llega a concentrar el poder puede caer en la tentación dictatorial. Y es verdad que el camino en esa dirección es el ego, la intolerancia, y la incapacidad de autocriticarse.

Para coadyuvar en la neutralización de ese peligro, los que deseamos una evolución respetuosa del derecho, y no los cambios arbitrarios, deberíamos de pugnar por la sana distribución del poder público a través del voto diferenciado.

Pensando, sobre todo en la formación de una ciudadanía inspirada en el humanismo moderno que rechace todas las formas de fanatismo y de imposiciones injustas e ilegales, y con esa inspiración elija diputados y senadores como contrapeso al poder ejecutivo. 

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