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Viernes , 20.07.2018 / 12:01 Hoy

Itinerario político

UNAM: ¡Agua bendita contra el ‘narco’!

Ricardo Alemán

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¿Por qué el negocio del crimen organizado y del narcotráfico llega a niveles extremos de violencia? La respuesta está en los elevados porcentajes de rentabilidad económica del crimen y el narco.

Es decir, el tamaño del negocio de las drogas es del tamaño de la guerra de quienes lo disputan.

Por ejemplo, todos saben que la UNAM es un mercado cautivo para la venta de drogas, igual que un estadio de futbol es un mercado cautivo para la venta de cervezas.

En el segundo ejemplo —la cerveza— las empresas pelean por esos mercados y ofrecer dádivas y concesiones por la exclusividad, al tiempo que sus estrategas de mercado reciben fuertes compensaciones por cada territorio ganado.

En el negocio criminal ocurre algo parecido. Las bandas que regentean la venta y distribución de droga, como en el caso de la UNAM, están en permanente disputa, todos los días tratan de ganar mayor mercado y territorio, compiten en precio, calidad y diversidad de las drogas que ofrecen y, en el extremo, se disputan el mercado a balazos.

Y una disputa a balazos —por el territorio narco— es lo que vimos recientemente en la UNAM.

La diferencia entre el mercado de cerveza en un estadio y el mercado de drogas en un espacio impune como la UNAM, es que la cerveza es “una bebida de moderación” y de venta legal, mientras que el consumo de drogas —sobre todo las llamadas duras— está prohibido en México.

Por eso, suponer que el problema de la violencia, las drogas y la degradación de los espacios universitarios se resolverá con la legalización de la mariguana no solo es una tontería, sino un signo de ignorancia.

¿Por qué? Porque hoy la venta de mariguana no es el negocio más rentable, ni en la UNAM ni en México. El negocio son otras drogas duras, en especial las sintéticas.

Y viene a cuento porque otra vez asistimos a la doble moral entre la autonomía universitaria —que se debe entender como autonomía para la libertad de cátedra— y la tontería de suponer que los espacios universitarios son un territorio al margen de las responsabilidades del Estado.

Como saben, la UNAM recibe su presupuesto del dinero de los contribuyentes; dinero tiene por objetivo la educación pública, de excelencia en una institución como la UNAM.

A su vez la educación es una de las principales responsabilidades del Estado y, en el extremo, es un derecho constitucional.

Por eso, sorprende que el rector Enrique Graue declare que la UNAM, su espacio físico y todo lo que pasa ahí dentro, no es responsabilidad del Estado.

Velar por la calidad de la educación universitaria no es caminar contra la autonomía, como perseguir a las bandas criminales en el territorio universitario no debe seguir siendo una tara “ochentayochera”. Y dejar que las bandas del narco se adueñen de la UNAN es complicidad e impunidad.

Graue dijo: “En los días y semanas por venir, escucharemos voces, internas y externas, que clamarán por otras alternativas más agresivas, algunas que quisieran vernos o armados o militarizados. A ellos habrá que decirles que estamos conscientes de la fragilidad de la seguridad en nuestra universidad como espacio plural, abierto y democrático, pero que nuestra fortaleza está en el saber, en la libertad, en la autoridad moral, en la autonomía y en el respeto a la normatividad universitaria.”

¿Qué significa que el rector se niegue a que la fuerza pública intervenga en el territorio universitario para combatir la venta y distribución de droga en la máxima casa de estudios?

¿Acaso Graue supone que la venta de drogas y la violencia y se van a resolver quemando incienso o con golpes de pecho? ¿Piensa el rector que el ambiente hostil en la UNAM, generado por las bandas criminales, se va a resolver con una constitución moral, como la que propone ya saben quién?

El asunto empeora si la UNAM tiene un rector mentiroso. ¿Por qué Graue mintió sobre el mensaje “¡Fuera narcos de la UNAM!”, aparecido en la pantalla monumental del Estadio Universitario y por qué luego reconoció que él ordenó ese mensaje? ¿Por qué el doble discurso?

¿Por qué la cruzada moral emprendida desde la Gaceta Universitaria, que reza: “No es tu amigo. Es un narco.”, cuando lo que se requiere es un diseño institucional, una política de Estado contra las drogas y la violencia en escuelas y universidades públicas y privadas; un diseño de Estado para que las fuerzas del Estado garanticen la seguridad de los estudiantes en todas las instituciones de educación superior?

No es capaz, la mayor universidad del país, de realizar un diseño de seguridad utilizando la fuerza pública, antes que defender una tara de hace medio siglo? Valiente autonomía.

Al tiempo.

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