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Jueves , 16.08.2018 / 11:46 Hoy

Itinerario político

¡Sociedad de idiotas!

Ricardo Alemán

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Solo una sociedad de idiotas puede dar crédito a la campaña contra la construcción del nuevo aeropuerto, sin cuestionar las raterías de los segundos pisos del Periférico y la gran estafa de la Línea 12 del Metro.

Solo una sociedad de idiotas puede olvidar que para la construcción de los segundos pisos el entonces jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, nunca licitó dicha obra, sino que la entregó por asignación directa a sus amigos, empresarios y mecenas del Grupo Rioboó.

Solo una sociedad de idiotas puede olvidar que hoy, a más de una década, nadie sabe y nadie supo el costo de los segundos pisos; nadie conoció el sobrecosto de la obra, las condiciones para su construcción y los detalles.

Solo una sociedad de idiotas cierra los ojos, los oídos y “las entendederas” sobre la opacidad y la impunidad de un gobernante como AMLO, que por decreto escondió a los ojos ciudadanos todos los detalles de los segundos pisos y que hoy pregona transparencia en “los bueyes del compadre”.

Solo en una sociedad de idiotas un gobernante y supuesto líder social, como AMLO, decreta la opacidad de una obra como los segundos pisos sin que nadie diga nada, sin que muchos olviden por mucho tiempo la impunidad de ese líder y gobernante, sin que nadie exija la rendición de cuentas que todos exigen a otros gobernantes, políticos y líderes.

Solo una sociedad de idiotas se traga el cuento de que el de la casa blanca de Enrique Peña Nieto es un acto de corrupción mayor al de los opacos y transas segundos pisos, a la estafa maestra de la Línea 12 del Metro que, por cierto, mantuvo “huido” a Marcelo Ebrard.

Solo una sociedad de idiotas puede olvidar que en ese grosero acto de corrupción y de opacidad oficial —conocido como segundos pisos—, la estratega fundamental fue la señora Claudia Sheinbaum, secretaria de Medio Ambiente del DF y a quien AMLO impuso por encima del secretario de Obras para que manejara a su antojo “el enjuague” del símbolo de la corrupción que fue el segundo piso.

Solo una sociedad de idiotas puede tener como puntera en las encuestas de la capital del país —para renovar al jefe de gobierno capitalino—, a una candidata como Claudia Sheinbaum, la responsable de ocultar el fraude de los segundos pisos.

Solo una sociedad de idiotas aplaude a una candidata como Claudia Sheinbaum, también culpable de la opacidad en una tragedia como la del colegio Rébsamen, a pesar de sus transas en la demarcación de Tlalpan; además de sus antecedentes familiares de “pacas de billetes” en bolsas de súper.

Solo una sociedad de idiotas puede permanecer callada e inmóvil ante la monstruosidad de que el candidato Obrador pretende encargar un nuevo aeropuerto, en Santa Lucía al grupo Rioboó, el mismo grupo empresarial que por asignación —y no por concurso—, realizó los segundos pisos. ¿Imaginan los años que se guardará la infomación de esas obras, que costarán muchas veces más que los segundos pisos?

Solo una sociedad de idiotas puede quedarse callada ante la insensatez de que Marcelo Ebrard pudiera encabezar el grupo encargado de revisar la transparencia y honestidad de los contratos del nuevo Aeropuerto —por parte de Morena— mientras que nadie rinde cuentas por la llamada estafa maestra de la Línea 12 del Metro; obra emblema del gobierno de Ebrard y cuyo costo y fallas la tiene clasificada como una de las grandes obras fallidas en el mundo.

Solo una sociedad de idiotas, mal informados y amnésicos puede ignorar que en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador —en el extinto DF—, se vivieron los mayores niveles de violencia, de inseguridad, desempleo y pérdida del poder adquisitivo.

Solo una sociedad de idiotas olvida la “marcha blanca” contra la violencia y el secuestro en el gobierno de AMLO en el DF, al tiempo que el jefe de gobierno les llamó “pirrurris”. Ese mismo gobernante miente sobre su fracaso en la hoy CdMx, ante el aplauso de muchos.

Solo una sociedad de idiotas mira complacida que un candidato presidencial que no ha trabajado en más de una década —igual que toda su prole—, tiene la desvergüenza de acusar de corrupción, opacidad y transas, a diestra y siniestra, mientras él se coloca en calidad de nuevo mesías.

Solo una sociedad de idiotas se traga el cuento de que el candidato López Obrador regalará becas, universidad, ayudas, bonos, empleo a millones de personas, sin explicar que, presupuestalmente, ese populismo colapsará al país.

Solo una sociedad de idiotas aplaude el perdón a criminales y matarifes, en tanto millones de mexicanos son víctimas de los criminales y de sus negocios millonarios.

¿Somos una sociedad de idiotas?

Al tiempo.

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