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¡Silencio y complicidad!

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El silencio, en una democracia en construcción como la mexicana, suele gritar mucho más fuerte que los radicales que apuestan por la destrucción de la propia democracia.

De igual manera, el silencio suele ser sinónimo de aceptación, convalidación, aplauso y, en el extremo, puede significar un poderoso gesto de complicidad.

Por eso, frente a la complicidad silenciosa, obligan las preguntas.

¿Por qué son muy pocos los luchadores sociales, líderes opositores, las mujeres y hombres de izquierda, los radicales de derecha a izquierda y, sobre todo, los preocupados por la vida de los periodistas, que han alzado la voz por el más reciente asesinato de un periodista en México? ¿Por qué parece que a pocos importa y a nadie conmueve?

La respuesta es que el periodista Carlos Domínguez no fue asesinado en un estado gobernado por el PRI. Carlos no solo vivió la mala fortuna de ser uno más de los periodistas asesinados, sino que le quitaran la vida en un estado gobernado por la alianza PAN-PRD.

¿Y eso qué tiene que ver…?

¿Recuerdan la escandalera de líderes, opositores, defensores de Derechos Humanos, dueños de ONG y las rimbombantes “organizaciones de la sociedad civil”, cuando en los gobiernos del Duarte de Veracruz o del Duarte de Chihuahua, mataban a un periodista? ¿Recuerdan la escandalera cuando la violencia llevó al gobierno de Chihuahua y de Ciudad Juárez a los niveles número uno en el mundo?

Pues resultas que —contra lo que ocurría cuando Veracruz y Chihuahua eran gobernados por el PRI—, hoy matan periodistas en Chihuahua, en Veracruz y Tamaulipas y pocos dicen algo. En cambio muchos prefieren callar.

¿Por qué esa gritería selectiva? ¿Por qué ese enojo social diferenciado?

Porque en tiempos electorales muchos de los gritones y de los protestantes no quieren importunar al matrimonio electoral de moda; la alianza PAN-PRD.

Otro ejemplo. ¿Recuerdan la escandalera porque un operador menor de la campaña del PRI difundió un boletín indefendible sobre un reportaje que presuntamente involucra a José Antonio Meade en prácticas imperdonables de recursos públicos?

Pues resulta que —con toda razón—, muchos apalearon al PRI y a su candidato “por una amenaza” de acudir a la justicia y exigir derecho de réplica.

Sin embargo, ninguna de esas voces que condenaron con toda razón la torpeza en el equipo de Meade, ha sido capaz de cuestionar —ni con el pétalo de una rosa—, las pillerías de Ricardo Anaya, en el caso de “los moches” en el Congreso de la Unión; pillería documentada y que a nadie importa indagar más a fondo.

Y volvemos a preguntar: ¿No es una estafa doctoral —ya no se diga magistral—, el desvió de recursos públicos, orquestado desde el Congreso por Ricardo Anaya? ¿Por qué nadie dice nada, a pesar de que son miles de millones de pesos desviados? ¿Por qué periodistas e intelectuales solapan a Ricardo Anaya?

La respuesta a las nuevas interrogantes es clara; nadie critica porque no quieren importunar al matrimonio del año electoral; la alianza PAN-PRD.

Más. ¿Recuerdan la escandalera mediática por la violencia sin freno en Veracruz y Chihuahua cuando los dos estados eran gobernados por los Duarte, respectivamente? ¿Recuerdan las campañas contra la ingobernabilidad en los dos estados por la grosera incapacidad de los gobiernos estatales de Veracruz y en Chihuahua?

¿Pues qué creen? De risa loca, que los críticos de antaño, sobre la violencia sin freno en Veracruz y Chihuahua, ogaño guardan silencio ¿Por qué callan sobre los mayores niveles de violencia que hoy tiene Veracruz y Chihuahua cuando los gobernadores no son del PRI, sino de la alianza PAN-PRD, como Yunes y Corral?

Hoy, la violencia en Veracruz y Chihuahua es peor que en tiempos de “los Duarte” del PRI, a pesar de que son gobernados por mandatarios surgidos del PAN-PRD.

¿Por qué muchos prefieren guardar silencio?

La respuesta es la misma; porque periodistas, intelectuales, líderes sociales, ONG y organizaciones de la sociedad civil no quieren importunar la luna de miel de la pareja político electoral de moda; PAN-PRD, con la cual se han comprometido.

Pero acaso el mayor escándalo se escuche por el silencio de casi todos los políticos y los partidos –muchos de ellos simpatizantes del dictador Nicolás Maduro- ante el asesinato del disidente Oscar Pérez, quien a través de redes sociales envió al mundo los pormenores de su asesinato, a manos de policías y militares que sostiene la dictadura de maduro.

¿Dónde está el repudio de AMLO, de Anaya del PAN, del PRD, de morena, del PT, de “Los Chuchos…”?

En México, los tiempos electorales son tiempos de simulación, de silencio y complicidad.

Al tiempo.

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