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Jueves , 20.09.2018 / 17:45 Hoy

Itinerario político

¿Miedo a Margarita? ¡No, se llama terror!

Ricardo Alemán

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El primero en entender que el de Margarita Zavala es un fenómeno electoral inusual y digno de miedo —en la presidencial de 2018— fue Andrés López Obrador, primero en abrir fuego contra la panista, pero también en probar que "al pegarle" a la señora Zavala solo la hacía crecer.

En entrevista radiofónica, AMLO descalificó la autoridad moral de "Calderón y la esposa de Calderón", en respuesta a que crecen las voces que colocan a Zavala como fuerte aspirante presidencial del PAN.

El tono despectivo y machista empleado por Obrador no solo le ganó una reprimenda en redes sociales, sino que reportó mayores simpatías para la ex primera dama, quien respondió de inmediato: "Soy Margarita Zavala, aunque le cueste admitirlo...". "Sabe que soy un peligro para él".

Luego, panistas como Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle trataron de frenar a Margarita Zavala —a la que ya habían vetado para llegar a la Cámara de Diputados—, y pronto entendieron que "los flancos vulnerables" de la ex primera dama —como su matrimonio— en realidad son fortalezas.

Recientemente, Miguel Osorio y Margarita Zavala protagonizaron una esgrima mediática —de acusaciones mutuas a los gobiernos de Peña Nieto y Felipe Calderón, respectivamente—, y la escaramuza terminó cuando la señora Zavala retó al secretario de Gobernación a un debate sobre las dos administraciones.

Y apenas ayer el ex líder del PRI y actual jefe de la bancada del tricolor en San Lázaro, César Camacho, mostró con claridad no solo el miedo, sino el pavor que provoca a los priistas la gestación de una candidatura presidencial como la de Margarita Zavala.

César Camacho pretendió sembrar duda sobre el origen del patrimonio de los Calderón y, en especial, de la señora Zavala —que según el priista sería mal habido—, y luego concluyó con una grave acusación: Margarita Zavala "no tiene las manos limpias, pues se las ensució junto con su esposo".

Pero no fue todo. Dijo: "Sobre todo (Margarita) no tiene autoridad moral para ser representante popular y, mucho me temo, mucho menos a aspirar a la Presidencia de la República".

Camacho ya había dicho que la señora Zavala "no tiene experiencia... no tiene congruencia, porque no ha presentado su declaración patrimonial... y no tiene lealtad, pues ha afirmado que, de no contar con el respaldo de su partido, buscará la candidatura por otros medios...".

Como queda claro, hoy la mayor preocupación electoral del PRI, de Morena y de la dirigencia del PAN se llama Margarita. Y es que si partimos del sentido común elemental, nadie se ocupa de difamar, insultar, criticar, sembrar dudas y obstáculos sobre un adversario o adversaria políticos, si ese adversario no representa un peligro real.

Y es que la señora Zavala no solo preocupa a sus adversarios y mal querientes —que desesperados ven cómo sigue creciendo en las encuestas y pronto podría protagonizar la fugada del pelotón de presidenciables—, sino que cada golpe, cada ataque, difamación y calumnia, más que debilitarla, le ganan seguidores y le llevan más simpatías.

Pero es aún más curioso el error y el horror de los estrategas del PRI, o del ex dirigente del PRI —César Camacho—, quienes no entienden que la debilidad que pretenden combatir en Margarita en realidad es su principal fortaleza.

Dicho de otro modo: cuando el PRI, y en especial César Camacho, pretende poner en duda la honestidad de Margarita Zavala, lo que en realidad provocan es que se dispare —en términos políticos— la tercera ley de Newton: a toda acción —o acusación—, corresponde una reacción igual, pero en sentido contrario.

Por eso, cansados de la corruptela y la transa, los ciudadanos preguntan al PRI y a Camacho: "¿No es ridículo que el señor de los relojes aparezca pidiendo la hora?".

Tiempos de guerra y de lodo.

Al tiempo.

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