• Regístrate
Estás leyendo: ¡Los jóvenes al poder!
Comparte esta noticia
Lunes , 12.11.2018 / 16:14 Hoy

Itinerario político

¡Los jóvenes al poder!

Ricardo Alemán

Publicidad
Publicidad

La consigna parece elemental: “Los jóvenes al poder”.

Y no parece solo un eslogan. No, en realidad es una convicción política.

Y es que en México, igual que en buena parte del mundo, los partidos pelean por el voto juvenil; buscan la voluntad, la confianza y la simpatía de los votantes entre 18 y 30 años: los jóvenes.

Y el primero en dar el paso en esa dirección fue el PAN de Gustavo Madero, quien entendió que en política las caras jóvenes pagan y siempre dan votos. Incluso dan victorias.

Y un ejemplo es la presidencia panista de Felipe Calderón, con solo 34 años y su posterior victoria como candidato presidencial del PAN —y luego como Presidente— cuando apenas tenía 44 años.

Sabedores de esa situación y de la más reciente experiencia de un Presidente joven, en el caso del PRI, los azules promovieron al ambicioso y poco preparado Ricardo Anaya, dirigente que, sin embargo, aprovecha todas las coyunturas para escalar posiciones.

El segundo en entender el fenómeno de “los jóvenes al poder” fue el PRI. En ese caso, sin embargo, el razonamiento entró a golpe de derrotas electorales. Como saben, luego del 5 de junio, el PRI fue uno de los grandes derrotados.

Entonces, el viejo partido entendió dos mensajes fundamentales.

Primero, que la sociedad no está dispuesta a tolerar más corruptelas, transas y triquiñuelas de políticos, partidos y gobiernos. Y casos emblema son Veracruz, Quintana Roo, Chihuahua, Durango y Tamaulipas; todos del PRI.

Y, segundo, que un porcentaje alto de electores no está dispuesto a tolerar la presencia partidista de líderes convencionales. Dicho de otro modo, los votantes le dijeron al PRI no querer más de los viejos dirigentes.

En respuesta al mensaje de las urnas, Peña Nieto mandó a la dirigencia tricolor una carta insuperable, a Enrique Ochoa Reza, ex director de la Comisión Federal de Electricidad.

La selección parece haber sido inmejorable. Resulta que Ochoa Reza es dueño de una hoja de servicios académica impecable, que pocos servidores públicos tienen y que no ha tenido un solo presidente del PRI y que, en la eventualidad del caso, tampoco ha mostrado ningún aspirante presidencial.

Ochoa Reza —según el especialista en derecho como Miguel Carbonell— acredita dos licenciaturas, dos maestrías y un doctorado. En México obtuvo las licenciaturas de derecho por la UNAM y Economía por el ITAM. Los posgrados los llevó a cabo en la Universidad de Columbia. Y por si fuera poco, fue ayudante del premio nobel de Economía Joseph Stiglitz, con quien es coautor de un libro sobre la materia. Mejor, imposible.

La terna la cierra la nueva presidenta del PRD, Alejandra Barrales, una líder sindical sin cartas académicas, pero con probada habilidad política. Es la cuarta mujer en la jefatura del PRD y su habilidad quedó probada cuando consiguió el acuerdo de la mayoría de tribus a su favor.

También en el partido amarillo quedó claro que una figura joven, fresca y, en este caso, femenina era la mejor carta para hacer frente a la batalla electoral que viene.

Pero no, que nadie se equivoque. La batalla es la de 2017, en donde estará en juego la renovación de tres gobiernos estatales: Estado de México, Nayarit y Coahuila. Pero la más importante es en la casa del presidente Peña.

Resulta que los presidentes de los tres partidos terminarán sus respectivas gestiones antes de 2018. Es decir, que su principal tarea será ganar la elección del Estado de México.

Y esa elección será “un ejercicio de calentamiento” para “poner a tiempo” partidos y candidatos rumbo a 2018.

Y por eso es fundamental que en este proceso se exhiban los liderazgos jóvenes y los candidatos a 2018, muchos de los cuales también serán jóvenes.

Al tiempo.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.