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Lunes , 20.08.2018 / 12:27 Hoy

Itinerario político

2017-09-10

Ricardo Alemán

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No es nuevo que, desde su llegada al poder presidencial, Enrique Peña Nieto es víctima de una feroz y exitosa campaña de odio, incluso en tragedias como el reciente terremoto.

Tampoco que desde 2012 opera exitosa la estratagema para sembrar en el imaginario colectivo que Peña es el presidente más desprestigiado y menos eficaz, a pesar de los logros de las reformas estructurales.

Y están a los ojos de todos las pruebas de que el deporte favorito —de la “legión de idiotas” de redes— es “madrear” al presidente por todo, hasta por acudir de inmediato a Oaxaca . El que no “madrea” a Peña, no es un buen mexicano, dicen.

Más; muchos malquerientes de Peña se dijeron sorprendidos porque llegó con vida política y con éxitos al quinto Informe.

Sin embargo, las campañas de odio contra Peña, la estratagema para sembrar la intriga colectiva de que es “el peor presidente” y el culto a las mentiras en redes, quedaron reducidas a “juego de niños” frente a la agresión directa a la comitiva de Peña en Oaxaca que —según distintos especialistas— no fue otra cosa que un atentado.

Pero lo escandaloso es que el atentado no solo fue minimizado por casi todos los medios, sino que parte de quienes encabezan las campañas de odio contra Peña hicieron mofa del ataque al Presidente.

Con sorna, algunos idiotas difundieron en redes la especie de que es tan mala la seguridad de Peña que “hasta con un cohetón” dañan uno de los helicópteros del Estado Mayor.

La idiotez se entiende si se identifica a los idiotas que la difundieron. Sin embargo, el problema no es si uno de los helicópteros presidenciales que aterrizaba en una comunidad oaxaqueña fue atacado con “un inofensivo cohetón”. No, el problema de fondo es el ataque al Presidente.

¿Qué intentaban criminales de la CNTE oaxaqueña al lanzar cohetones contra las aeronaves presidenciales? Está claro, buscaban dañar al Presidente. Y no, el ataque a helicópteros con cohetones no es menor. Hay casos de daños serios y hasta derribos.

Aun así, otros imbéciles justificaron el atentado con el argumento de que el ataque “alcanzó al helicóptero en que viajaban los periodistas” de la cobertura presidencial.

Lo cierto es que, sea un cohetón o cualquier instrumento explosivo, resulta intolerable que siga impune la mafiosa CNTE, cuyos militantes de Oaxaca pudieron provocar una tragedia mayúscula.

Lo que pocos saben es que en el desplazamiento del Presidente se utilizan dos, tres o hasta cuatro aparatos aéreos de manera simultánea —como medida de prevención— y que nadie sabe en cuál de ellos viaja el mandatario.

Aun así, el odio a Peña Nieto puede llegar al nivel de un atentado, sea o no con un cohetón. ¿Hasta cuando?

Al tiempo.

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