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Martes , 25.09.2018 / 08:27 Hoy

Columna de Rebeca Alfonso Romero

¿Y qué es el 'street art'?

Rebeca Alfonso Romero

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Encuentro en Berlín.

En los inicios fue el barrio, el aerosol y la intrepidez juvenil; después, vino la persecución policiaca cada vez más acentuada, y con ello la necesidad de ser más veloces para hacer las pintas. Entonces resurgió la técnica del esténcil.

Ese molde de cartón dio pie a diseñar imágenes con mensajes breves, que superaban la pinta de un seudónimo: ahora había toda una posibilidad de expresión. Se trataba de mensajes visuales: más allá del "aquí estoy", comenzó el "así pienso", algunos con más gracia, algunos con más cariño al barrio, otros con menos. Comenzó la era de los mensajes formales en el mundo del street art.

Entonces vinieron el internet, Banksy, los celulares con cámara fotográfica, Instagram, el mercado de arte, los festivales, la exhibición en museos, la fama y, por último, vemos surgir una disciplina de reflexión académica sobre el street art.

Tan solo en 2015 hubo en Europa 135 festivales de este género, y hace unas semanas se realizó en París la segunda edición de la Feria de Arte Urbano. En estos días se realizaron dos encuentros académicos sobre el tema, uno en Lisboa y otro en Berlín. En septiembre próximo habrá uno dedicado a la poesía y el street art en la vanguardista ciudad de Niza, Francia. Estos encuentros involucran al menos a 12 países.

Cuando la discusión finalmente alcanza a la academia es porque el fenómeno ya ha recorrido algo más que tres décadas, sin exagerar. Incluso hoy los murales que surgieron del fenómeno del street art son asimilados como estrategias para agregar valor inmobiliario a los nuevos centros capitales del mundo. La expresión del street art o neo-muralismo da cierto ambiente de contemporaneidad a las grandes ciudades.

Un estudio sobre el fenómeno en Londres y Nueva York.

Definición y esencia

Al atraer la discusión del fenómeno artístico, los historiadores del arte tienen como primer diferencia considerarlo no arte. Pero el primer acuerdo es que su éxito se debe a los avances de la fotografía celular y las redes sociales.

De aquí todo el mundo puede hacer su propia consideración. Una forma de argumentar en contra de su inclusión como arte dice: "... los objetos que tipifican estas prácticas artísticas no son singulares, y por ser 'libres', ellas también pertenecen al ámbito del arte popular y la cultura de las calles". Otros especialistas reconocen, no sin cierta pesadumbre, que "el efecto Banksy" en el mercado del arte es innegable para la historia del arte.

También denominarlo "movimiento artístico" provoca discusión, ya que no existe un manifiesto de artistas como lo tuvieron las vanguardias del siglo XX. Sin embargo, entre ellos hay quien concede que el fenómeno, al tener una amplia gama de artistas y profesionales involucrados (muralistas, fotógrafos, performanceros) bien puede tener el nombre de movimiento artístico contemporáneo.

Y si esto es debatible, aún se están poniendo de acuerdo para definir lo que es el street art. Para ello no se puede ignorar que los promotores de este fenómeno fueron los primeros en imaginar conceptos que hicieran viable su quehacer. Para hacer festivales, vender o exhibir en museos, la denominación street art era incómoda; el festival NuArt, de Noruega, por ejemplo, cambió la palabra "grafiti" de su solicitud de fondos públicos y la cambió por "arte público", ya que el grafiti está prohibido en ese país.

Pero ante la categoría "arte público" el refinamiento intelectual objetó, y bien, al argumentar que esa categoría abarca las obras
que comisiona una nación para recordar y fomentar la historia local. Es cierto. Por ello se inventó mejor el término postgraffiti, pero no fue suficiente, porque el aerosol es tan solo uno de tantos materiales que se utilizan hoy; en realidad ya no parece grafiti lo que vemos, ya que ahora hay mucha pintura acrílica, negativos montables y papel pegado previamente dibujado.

Los motivos y los artistas del medio también han cambiado: ya no se trata de los jóvenes de barrio solamente, sino de egresados de escuelas de arte que hacen street art y venden también en ese mercado. Las galerías tenían que aceptar, además, que lo que vendían no era propiamente street art porque las obras no estaban en la calle, aunque eran hechas por street artists.

Peter Bengtsen, historiador de arte y sociólogo, es uno de los pensadores que se ha dedicado al tema desde 2011; ahora trabaja en una universidad en Suecia. En un documento reciente menciona que hoy es claro el surgimiento de una disciplina académica exclusiva del street art. Él ha influido en la que, a mi parecer, es una de las definiciones más claras y adecuadas de street art, en la que "arte urbano" es una obra hecha por un street artist pero destinada a venderse, y street art una pintura, carácter o forma realizada de manera auto-autorizada aplicada a alguna superficie urbana, que busca la comunicación con un largo círculo de personas. En este último caso el artista acepta que su obra puede ser borrada, demolida, pintada, fotografiada o añadida con otros elementos.

Hoy el street art ha ido perdiendo esencia de barrio cada vez más: los artistas novatos, por ejemplo, pintan en lugares muy elegidos para que sus pintas sean retratadas y posteadas en Facebook. Así, esta expresión está cada vez más alejada de su origen comunitario. Esta situación también será parte de las definiciones del fenómeno en los próximos años.

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