• Regístrate
Estás leyendo: Violencia, corrupción e impunidad
Comparte esta noticia
Sábado , 26.05.2018 / 20:47 Hoy

Columna de Raúl Vargas López

Violencia, corrupción e impunidad

Raúl Vargas López

Publicidad
Publicidad

Mayo de 2016 es el mes con el mayor registro de homicidios en Jalisco desde hace poco más de cuatro años; durante las tres semanas iniciales, diversos medios locales reportan una contabilización de asesinatos que llega a los 55 casos, especial interés es lo sucedido el pasado fin de semana, al contabilizarse que 12 personas perdieron la vida en hechos violentos; 4 de las víctimas fueron encontradas embolsadas y una más dentro de una maleta (Milenio Jalisco, 23 de mayo 2016), y todo parece indicar que existe una tendencia, lamentablemente, a la alza.

Éste dato podría parecer propio de la sección de nota roja, pero lo cierto es que desde una perspectiva más amplia resulta sintomático de algo profundo y grave que aqueja a nuestra entidad y a su gobernanza: una flagrante e intolerable ineficacia de las políticas avocadas a la prevención del delito y la seguridad pública y de las instituciones encargadas de la procuración y administración de la justicia, lo que termina por generar una escandalosa y evidente situación de impunidad que a su vez se convierte en el más efectivo de los incentivos para continuar delinquiendo e incluso escalar el tipo de fechorías que se cometen y el nivel de violencia asociado con ello.

Como condición estructural, la impunidad propicia una trama de interacciones que alimentan la violencia, provenga ésta de dónde provenga; ya sea del propio gobierno (como han sido los diversos casos documentados en todo el país de abusos y asesinatos cometidos en contra de civiles por parte de miembros de las fuerzas armadas que se supone combaten al crimen organizado) o de la delincuencia organizada (como es también el caso de varias entidades federativas).

La prolongación del ejercicio impune de esta violencia, funciona a su vez, como inhibidor de la procuración y administración de la justicia; simplemente porque no existe quien se atreva a investigar, perseguir, capturar y sentenciar a quienes la ejercen, si sabe que en el intento le va la vida de por medio.

La violencia cumple así un doble cometido y cierra el círculo vicioso, por un lado es un mecanismo de intimidación y control político y por el otro es la mejor forma que existe para deslegitimar el orden y las instituciones jurídicas y de seguridad.

Y por si fuera poco, el cuadro se completa con la desconfianza ciudadana en el aparato gubernamental de seguridad dado el inadecuado funcionamiento de las corporaciones policiales (abusos incluidos) y por la ineficiencia que plaga a las instancias judiciales y la corrupción que caracteriza a sus funcionarios públicos.

No olvidemos que en reiteradas ocasiones el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática ha revelado que a nivel nacional alrededor del 94% de los delitos cometidos quedan impunes y que existen entidades del sur del país en las que este porcentaje alcanza los 97 puntos.

Los gobiernos estatales y el gobierno federal están rebasados. Máxime cuando los funcionarios encargados de las investigaciones y de la procuración de justicia realizan declaraciones desafortunadas para tratar de relativizar la magnitud del problema como ha sido el caso reiterado del fiscal general de Jalisco o cuando el titular del poder ejecutivo hace reiterados reclamos por el malestar ciudadano.

Es evidente que las personas y las familias no la estamos pasando bien, que el malestar lleva mucho tiempo y tal parece que ninguna de las instituciones que algún alivio o solución deberían proveer se hace cargo de su responsabilidad, ya sea por incapacidad o por desinterés.

Cómo pocas veces, hasta los intelectuales orgánicos que en distintos momentos han gozado de favores por su cercanía con el poder, se han vuelto críticos del estado de cosas que imperan en el país y postulan recuentos históricos que tratan de ubicar en perspectiva el origen de la perenne crisis mexicana. En publicaciones mensuales reconocidas pueden encontrarse un par de ensayos que abordan de forma coherente y hasta convincente como es que hemos arribado a la situación actual de violencia, corrupción e impunidad.

Lo cierto es que los problemas están ahí y cotidianamente los padecemos; los diagnósticos siempre serán esclarecedores y aportarán elementos valiosos para la discusión y el análisis pero ahora urge trabajar en soluciones viables que frenen la violencia, eliminen la corrupción y desaparezcan la impunidad, antes de que sea demasiado tarde; y el tema es demasiado serio para dejarlo en manos de quienes una y otra vez han demostrado su incapacidad.

Presidente del Partido de la Revolución Democrática

@VargasLopezRaul

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.