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Martes , 11.12.2018 / 07:50 Hoy

Columna de Raúl Vargas López

Sincretismo cultural

Raúl Vargas López

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Con afecto a Ismael Vargas


Veinte de septiembre de 2015. La Plaza de la Revolución en La Habana está repleta. La visita del Jefe de Estado del Vaticano y su encuentro con el pueblo cubano, el motivo. Miles de personas se dan cita en el mítico lugar que ha sido escenario de memorables actos y eventos en la historia cubana reciente.

La visita del jerarca católico se enmarca con música, bailes y rituales protagonizados por fieles creyentes yorubas que muestran el característico universo afro-caribeño. El mundo observa el sincretismo. Uno del tipo tolerante, incluyente, festivo, bullicioso, alegre, intenso, vivificante, civilizatorio… Eso muestra Cuba al mundo.

La religión Yoruba siempre presente en la cultura afrocaribeña cobró en Cuba carta de naturalidad y se entremezcló con el catolicismo español dando paso a una rica tradición conocida popularmente como Santería. Las manifestaciones de este sincretismo religioso y cultural se observan por doquier en la cultura popular cubana. La patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre a quienes todos los cubanos llaman afectuosamente “cachita” tiene su dualidad en el orisha Ochún; Santa Bárbara vestida con una indumentaria roja y blandiendo una espada se identifica con el orisha del trueno Changó; Nuestra señora de Regla (advocación mariana) se asocia con la orisha del mar Yemaya; San Lázaro se asocia con Babalú Ayé y representan las epidemias en el ser humano; y San Cristóbal que tiene su contraparte en Aggayú Solá es considerado responsable de acompañar las almas luego de abandonar la vida terrenal.

En Cuba, nadie se sorprende por esta conjunción y armonización de creencias. Allá el enlazamiento de visiones y dogmas no sólo se aprecia en manifestaciones artísticas, la gente lo vive, lo siente y lo práctica, se sienten orgullosos de ello y se lo muestran al líder de la iglesia católica y nadie se ofende por ello.

Mientras que aquí en México, en Jalisco, Juan Sandoval Íñiguez, se escandaliza por una hermosa obra de arte inaugurada hace unas semanas en Av. Federalismo llamada Sincretismo. Pieza de Ismael Vargas colocada ahí por el ayuntamiento tapatío como parte del programa de Arte Público que invertirá 60 millones de pesos en restaurar e incrementar el acervo artístico urbano de Guadalajara.

El prelado y sus poco cuidadas declaraciones incitan ánimos regresivos e intolerantes, condenan antes de comprender y el colmo del absurdo lo constituye su denuncia de persecución. Debe recordarse que aquí en México el sincretismo religioso no sobrevivió en la misma escala que lo hizo en Cuba, aquí se impuso una religión y todo tipo de manifestación ajena fue perseguida, condenada y erradicada. La Inquisición asesinó a personas acusadas de profesar otra fe. De tal suerte que lo que nos queda son las manifestaciones captadas por los artistas sobre el sincretismo cultural resultado de nuestro mestizaje y que abraza todas las dimensiones de nuestra identidad. Así, la fusión de la Virgen María y Coatlicue es más parte de nuestra historia que de nuestra visión actual del mundo.

Aclaro que no soy palero de Enrique Alfaro, y mis antecedentes dan fe de ello, pero de quien si soy palero es del trabajo de Ismael Vargas (aclaro que tampoco soy su familiar, aunque quisiera… él). Ismael es uno de los grandes de nuestra tierra. Artista plástico que goza de reconocimiento internacional. Incansable promotor de las artes populares mexicanas. Y un ser humano excepcional y generoso. Recientemente el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara reunió veinticuatro piezas (9 esculturas y 15 pinturas) en una exposición llamada Redimiendo el vacío que estuvo abierta al público hasta enero de este año y durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del año pasado se presentó un libro que compila cinco décadas de su obra y sensibilidad.

Si usted, amable lector, no ha tenido la oportunidad de gozar del arte de Ismael Vargas lo invito a que haga, una comedida búsqueda en internet (o adquiera su libro de conmemoración de sus 50 años de trayectoria) y disfrute de un maravilloso recorrido por su mexicanísima obra, y verá la razón por la que afirmo que es una desatada promotora de nuestras artes populares y que se mantiene ajena al nacionalismo ramplón y reiterativo. Verá como el trabajo de Ismael Vargas es un “torrente visual” que arrastra gozosamente la mirada. Constatará que en sus cuadros y esculturas Ismael Vargas no falsea la realidad, la revela. Y que el trabajo invertido en cada detalle habla por sí mismo. Su obra nunca decae, se disfruta en cada centímetro, lo mismo en las orillas que en el centro.

Por último, lo invito a que acudir a la calzada Federalismo entre las calles Hospital y Juan Álvarez para conocer, vivir e impresionarse con Sincretismo, obra de Ismael Vargas, véala por la noche, iluminada, y experimente la sensación del papel picado que cobra vida y se le viene encima y juzgue usted si merece el calificativo desdeñoso de “un par de láminas” que algunos le han endilgado.

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