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Martes , 19.06.2018 / 05:22 Hoy

Columna de Raúl Vargas López

La indiferencia es la peor de las actitudes, hay que comprometerse

Raúl Vargas López

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Resiliencia: ¿En qué consiste este concepto? Este es el resultado de la combinación o interacción que hay entre las características propias de las personas (denominadas atributos internos) y su ambiente familiar, social y cultural (denominados atributos externos), los cuales capacitan al individuo para sobreponerse a la adversidad (González-Arratia, 2009), en otras palabras es la capacidad de salir adelante y además salir fortalecidos tras una situación complicada, haciendo uso de nuestras propias habilidades, de nuestras creencias, así como del apoyo que recibimos por parte de un primer círculo afectivo (familiar y social).

Otros autores señalan que la resiliencia es una cuestión de actitud o mentalidad, que influye en la conducta de un individuo y en las habilidades que desarrolla (Brooks y Goldstein, 2003). Actualmente escuchamos que muchas personas hacen uso de este concepto y que muchas disciplinas lo incorporan y se apropian del mismo, pero ¿De dónde surge?, este concepto proviene de la física (Campo, 2011) y hace referencia a la capacidad que tiene un objeto de regresar a su estado original, después de haber sido estirado, presionado, arrojado o doblado (Merriam-Webster, 2015). Y ¿Para qué nos sirve?, atendiendo a las diferentes definiciones, podemos darnos cuenta de dos aspectos principalmente, primero: es algo que nos permite hacer frente a las adversidades y no sólo eso, sino salir fortalecido ante las mismas y segundo: es algo que depende de nosotros, es decir dependerá de qué tanto creemos en que las cosas pueden cambiar y que podremos superar los problemas.

En ese sentido cabría preguntarse, ¿Qué esperamos?, creer en que las cosas pueden mejorar, forma parte de los pensamientos que permiten construir una “personalidad resiliente”, en otras palabras es ser optimista, pero cuando hablo de un optimismo, hablo de ese optimismo que no es enervante, de ese que genera un pensamiento crítico, de ese que nos hace actuar, que nos hace pensar y proponer, y no de ese optimismo pesimista y conformista, sino de aquel que nos compromete y que nos lleva de la indignación al compromiso.

Otra pregunta que surge es: ¿este concepto aplica sólo en el plano individual?, hay estudios que muestran que son las poblaciones vulnerables, poblaciones donde la falta de recursos es una constante, las que presentan mayores niveles de resiliencia, aquí ya estamos hablando de grupos, en relación con esto, ¿podemos transmitir una actitud resiliente a un grupo o a una comunidad?, parecería que es así, es momento de darnos cuenta que tenemos la capacidad de además de ser resilientes, contagiar a quienes nos rodean.

La situación actual tiene ingredientes inéditos, la brutalidad de la violencia, la violencia de género, el desempleo, la paradoja: jóvenes bien preparados sin oportunidades, frente a esto necesitamos tener una actitud crítica. Es momento de darnos cuenta que podemos hacer algo, yo diría podemos hacer mucho, hagámoslo, entendamos el concepto, apropiémonos del mismo, démonos prisa para entender que esto llegó para quedarse y que en gran medida es algo que depende de cada uno de nosotros, mientras menos nos tardemos, nos daremos cuenta que nos irá mejor, construyamos comunidades resilientes.

@VargasLopezRaul

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