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Miércoles , 21.11.2018 / 02:13 Hoy

Contragolpe

Las mujeres tristes y alegres

Raúl de la Cruz

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Los escándalos de los seleccionados nacionales previo a una justa son recurrentes. Les cuento. En la víspera del Mundial del 94 acompañé al seleccionado en una gira por invitación de Aurelio Martínez, entonces titular de la comisión de la selecciones naciones y hoy candidato a la presidencia de Guadalajara por el Verde. Con otro compañero de la Jornada asistimos al entrenamiento ligero porque esa noche jugarían un amistoso. Regresamos al hotel y de inmediato me fui al restaurante. Llegué y dos jugadores, figuras de aquellos tiempos, me abordaron. “Rulas, haznos el paro con ellas”. Eran dos mujeres. Una morena de ojos verdes, cabello rizado y un cuerpo espectacular. La otra, una chava de tez blanca, nariz respingada y pelo rojo, resaltaban sus bien torneadas piernas. Me senté con ellas nervioso, no por su presencia sino porque a lo mejor tendría que pagar la cuenta. Ellas no comieron, sólo tomaron. Intenté platicar, pero se mostraron reservadas. La morena me preguntó desde cuando conocía a los jugadores, que por razones obvias no menciono sus nombres, de tiempo respondí. Tienen dinero, preguntó la otra. Por supuesto, y mucho. Ganan muy bien, les dije. Entonces, la blanquita se dirigió a la morena en inglés y le indicó que iba a cobrar dos mil dólares. Me parece bien, contestó la otra. En eso estaba cuando un mesero me lleva un teléfono. Era uno de los jugadores. “Rulas, préstanos tu habitación”. No podría decirles que no. Intenté pagar la cuenta y me informaron que estaba cubierta. Les informé que las estaban esperando. Las llevé a mi habitación. Acomodé mis cosas y esperé a que llegaran los mencionados. Cuando llegaron les pedí que no me fueran a involucrar. No te preocupes, me respondió uno de ellos. Eran como las cuatro de la tarde. Me fui de compras. Regresé como a las siete de la noche y todavía estaban en mi habitación. No pude ingresar, me fui directamente al estadio ya que el partido estaba programado para las diez de la noche. Cuando nos entregan las formaciones de ambos equipos me di cuenta que estaban los nombres de mis vagos inquilinos. Eran titulares. El partido terminó empatado pero uno de mis cómplices jugadores salió lesionado. Contractura muscular. Cuando regresé a mi habitación, estaban las mujeres. No les habían pagado y yo no les iba a pagar. No tuve más remedio que irme a la habitación de mi compañero periodista. No supe que pasó con las damas pero no hubo escándalo. Después ambos me pagarían el favor con varias exclusivas.

delacruzraul@hotmail.com

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