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Lunes , 15.10.2018 / 05:35 Hoy

De la política y el deporte

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Bien decía un amigo que la política es una mierda porque la tragan y la eructan. Ya no hay convicciones, el objetivo es el poder por el poder sin importar historia e ideologías, motivo por el cual, rechacé una invitación de cierto partido político para inscribirme como pre candidato a diputado por el distrito de mi barrio El Retiro. Por supuesto, no es lo mío. Atentaría contra mi vocación. Soy e intento ser periodista cuya trayectoria se ha caracterizado por la lealtad a la profesión, por la solidaridad con el gremio y por hablar de frente. Agradecí la invitación y les dije lo antes mencionado. Cada quien en su trinchera. Estoy mejor como testigo de la historia. Política y deporte.- Los acontecimientos deportivos sufrieron el uso político a lo largo del tiempo y esto no escapa a la actualidad. La esencia del deporte fue enmascarada bajo el manto de la defensa de la identidad nacional como símbolo de poder. Estas situaciones fueron posibles desde el momento que los Estados tuvieron que hacer frente a los costos de organización de los mega-eventos internacionales y se sirvieron de ello para favorecer el enfrentamiento en la competencia. Los eventos deportivos despiertan los sentimientos patrióticos de los espectadores. Él deporte de alta competencia cumple una función importante para la afirmación de la identidad nacional, ya que el estadio se convierte en el escenario donde la nación está representada por los colores de cada bandera y el canto del himno. Allí se simboliza una guerra y la victoria se convierte en símbolo de cohesión. El futbol ofrece circunstancias propicias para reforzar las características culturales de cada pueblo. Así se va construyendo la identidad nacional y un estilo propio en cada lugar del mundo. Los éxitos deportivos de las selecciones nacionales se va transmitiendo de generación en generación y esto es compartido no sólo por los hombres sino también entre mujeres y niños. En conclusión, en el siglo XX los ciudadanos vivieron el efecto político que el Estado quiso implementar, valiéndose del deporte como herramienta de inserción ideológica. Quizás durante este siglo se pueda lograr que sean las federaciones quienes organicen los eventos deportivos de manera apolítica sin convertir al deporte en elemento de confrontación, lo anterior es un texto de la compañera Verónica González que concuerdo en su totalidad pero dudo mucho que las federaciones sean independientes para organizar sus eventos. Aquí tenemos un ejemplo bastante claro. Los horarios de los partidos se remiten a la santa voluntad de las televisoras que por consecuencia del gobierno. Ahh, por correo respondo mi postura sobre los premios e ingresos al salón de la fama.

delacruzraul@hotmail.com

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