• Regístrate
Estás leyendo: Redención o, cinismo
Comparte esta noticia
Martes , 25.09.2018 / 12:18 Hoy

Redención o, cinismo

Publicidad
Más opiniones
Publicidad

Apenas en abril de 2014, en la víspera de la isidrada madrileña, tomaba una caña, a la usanza española, en una taberna del barrio de Salamanca, en compañía de Pierre Marzín, fotógrafo bretón y el exitoso artista visual Bailón, quien entusiasmado intentó con grandilocuencia, enterarme de su admiración por el llamado Príncipe de Galapagar José Tomás, le hice notar a su vez, que Tomás, al igual que otros toreros considerados figuras en España, hacían campaña en América, escogiendo con antelación el ganado que lidiarían. Pronto replicó el

maestro, diciendo “¡Eso es trampa!”. Efectivamente – respondí- en contubernio con autoridad, empresa y apoderados.

José Tomás brindó en Guadalajara, uno de los espectáculos más bochornosos de que se tenga memoria en esa ciudad, defraudando todas las expectativas de los que asistimos al coso de la Calzada Independencia ese día, convocados por la fama que precedía al diestro madrileño.

Entre tanto…

La fiesta sigue y, el debate también.

Más cornadas da el hambre.

Las víctimas del toreo.

Apenas hace unos años, hablé con Gamaliel Orozco, en sus tiempos de gloria era. Curro Gama.

Risueño y dicharachero El Gama como se le conoce, narró con vehemencia su épico paso por los ruedos.

Para el entonces empresario Ignacio García Aceves la irrupción en los ruedos de Gamaliel, significó ganar la batalla por la supremacía en la guerra que éste sostenía con el acaudalado empresario alteño Leodegario Hernández.

“No torees esa corrida”, aconsejaron a Curro, una enrazada novillada de don Aurelio Franco.

“Creo que hubo malaje de parte del empresario y de mi apoderado” –me contó Gama, además sentía un extraño ambiente que me invadía de miedo y zozobra. “Déjeme descansar -dije a don Nacho, he toreado ya muchos domingos seguidos”. Pero las súplicas del torero, fueron inútiles, la desmedida ambición del empresario envió al joven e inexperto torerillo a encontrarse con su destino.

Curro fue empitonado por el primero de su lote destrozándole la arteria femoral. Después de casi cincuenta años, Curro muestra resignado su pierna morada a causa de una gangrena disecada. “Si fuera diabético, ya me la hubieran amputado, seguramente esa será mi muerte.

Más cornadas da el hambre.

No todo es gloria.

Manolo Martínez el llamado “mandón” murió a los cincuenta años de edad a causa de sus excesos. Cirrosis hepática.

Curro Rivera figura del toreo contemporáneo de Martínez murió infartado en un tentadero al intentar rehacerse económicamente después de quedar en la ruina.

Antonio Lomelín murió a causa de una golpiza. Todo mundo conocía su afición al alcohol y a las drogas.

David Silveti “El Rey” se disparó un tiro en la sien.

El último caso, patético por cierto, corresponde al llamado “Brujo de Apizaco” Alcohólico irredento, a quien un novillote volteó de fea manera en la plaza de Ciudad Lerdo, Durango.

Rodolfo Rodríguez, se debatió entre la vida y la muerte al desafiar al destino y vestirse de luces a la edad de 66 años quedando cuadripléjico.

El toreo da fama y fortuna aunque no todo es gloria.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.