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Martes , 20.11.2018 / 10:39 Hoy

Umbral

La historia de un músico que escribía novelas

Ramón Macías Mora

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Un día, hace ya muchos años, tocaron al timbre de la puerta de mi casa.

Ya que desde entonces, he vivido en lo alto de una segunda planta, me asomé desde la ventana a la calle cautelosamente.

¿Quién podría ser a deshoras? ¡Pues sí! Era Pedro Barboza, si, el mismo que toca la viola y escribe poemas y novelas.

Se le veía un tanto angustiado, Pedro se ha convertido en un personaje de la cultura urbana de Guadalajara. ¿Por qué digo esto? Es simple, ahora se le mira paseando por los portales, con su impecable barba blanca –el paso de los años- aunque mantiene su jovialidad y frescura de siempre.

Pedro es como todos- bueno… casi todos, los intelectuales, crítico, desconfiado y calculador de cada paso que da.

Siempre tocado con cachucha o bombín.

Ahora, nos ha sorprendido, con la reedición de su noveleta, así la ha catalogado él, subtitulada “Bajita la mano”. Antes había leído con fluidez la primera edición, y me pareció un tanto auto biográfica, me comentó que nada de eso, aunque el problema, consiste en que ya conociendo a Barboza, no se puede uno abstraer de separar al personaje que narra en primera persona, de la imagen real del narrador, en este caso de Barboza.

La edición de ALGÚN DÍA Bajita la mano, ha estado a cargo de EDITORIAL ACENTO que dirige nuestro amigo Galileo Contreras y ARMAÑO del propio Pedro Barboza.

En la contra portada podemos leer “PEDRO BARBOZA Músico y escritor nacido en San Martín de Hidalgo, Jalisco. Estudió música en el Conservatorio nacional. Asistió al taller de cuento de Roberto Villa. Ha participado en periódicos y revistas con relatos y notas sobre música. Tiene publicado el poemario Brisa Adictiva.

Su ingenio estilístico bordea los rumbos de Jorge Ibargüengoitia.

Su prosa directa y sin rebuscamientos ni artificio nos deja un sabor de vida ágil y sabía que discurre en los meandros donde todo hombre transita, sin tragedias y con un punto fino de ingenio que hacía rato no veíamos en la literatura mexicana.

De aquella tarde brumosa que describo al inicio de esta colaboración rescato las palabras con las que tuve el honor de prologar Brisa Adictiva. [Santa María Juana Ediciones, Guadalajara: 2003. “¡Ah! Ser víctima de una pasión amorosa es enfermar sin remedio.

Los que han padecido esa cruel y a la vez dulce tortura, intentan darle explicación al impulso masoquista, que les corroe las fibras más íntimas pero que les impide a la vez, alejarse de él.

La mujer amada o viceversa, el hombre, la intimidad, las noches interminables de juegos eróticos que se dan a cuentagotas.

Los encuentro fugaces.

El placer mundano, que arrastra a los amantes a la esquizofrenia.

La palabra dulce, el trato amable, los minutos que se transforman en eternidad.

La irracionalidad estrujante que convierte a la vida en un laberinto de soledad.

Pedro Barboza, el de la charla amistosa, el de la viola bajo el brazo, el hacedor de música sinfónica, compositor vanguardista y rockero de cámara.”

Pedro Barboza. El músico que escribía novelas. 

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