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Umbral

Con la venia que me da

Ramón Macías Mora

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Con la venia que me da, el hecho de que hay tantos que opinan de música sin ser músicos, de arquitectura sin ser arquitectos, de pintura sin ser pintores y de toros sin ser toreros, digo, no necesariamente se necesita ser un asesino en serie para escribir acerca del destripador Jack.

Por ende ya encaminado y entrado en bastos, escribiré mi habitual colaboración a propósito del tema que todos y cada uno de los opinadores, actualmente tocan.

El juego del hombre.

De niño fui no malo, malísimo, pero era dueño del balón y alineaba, un balón de cuero de los que se les desinflaba el blader y se terminaba el encuentro. Un balón cosido a mano que cuando llovía, había que embadurnarlo con sebo y sufrir las consecuencias de un balonazo que empanizado con pequeñas piedritas causaba estragos en el rostro de la víctima.

Mi primero contacto con ese viril deporte, se remonta a mi primera infancia, en los baños del vestidor del viejo campo Martínez Sandoval. Como era tan chiquito, mis hermanos me cargaban encueradito y llevaban a las regaderas en donde se bañaba el legendario “Chepe Naranjo”. Ahí mismo en las gradas, tengo vivo el recuerdo del manquito Antonio Villalón quien jugaba en el Morelia junto al “Tanque” Carlos Miloc, fue en un juego en el que participó el compadre de mi papá Juan “Chapetes Gómez” quien era dueño de una mueblería de nombre “El Roble”.

Como en sueños, recuerdo al colombiano de color Delio “Maravilla Gamboa”, al gran Héctor Hernández y a Narciso “Chicho López” jugando en el equipo de mis amores el del barrio de Oblatos: El Oro. Mi padre don Ramón fue joyero.

Ya más grande siendo seleccionado del equipo de la secundaria uno, sufrí el embate de los gandules puro “Cachirul”, los juegos se celebraban en las canchas de tierra del panteón nuevo, que ahora es viejo, los muros del cementerio anunciaban tétricamente “Cristo Volverá” “Reza el rosario santo” “Arrepiéntete” y yo en vez de arrepentirme, reincidía y demás arengas que en más de una ocasión desconcentraban a los que pateábamos la de gajos.

En uno de tantos encuentros llaneros, jugando para el De Parga del barrio de la 66, ganamos con un tanto de último minuto, como el cuadro contario estaba compuesto por una caterva de malandrines, nuestro cancerbero Godínez, estuvo a punto de ser decapitado con una “Chaveta” por el hijo de un zapatero quien no aceptó la derrota.

Ahora, nuestro país, se ha vuelto loco, o mejor dicho se ha vuelto cuerdo, con la inusual victoria de los nuestros; “El Tri”, no debiera sorprendernos si tomamos en cuenta que la mayoría de los verdes, están acostumbrados a esas lides de gran envergadura [casi todos sus jugadores alinean en equipos de ligas europeas]. El mundo se ha encogido [globalizado] dicen. Las distancias se han acortado, la nueva generación de jóvenes mexicanos se ha desatado las amarraduras y han triunfado en el arte y en la ciencia a todos niveles. ¿Por qué, en el balón pie no? ¿Acaso la verde, ignoró las instrucciones de su técnico?

A la bio a la bao a la bim bom ba, ra, ra, ra. Arenga de origen árabe.

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