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Columna de Rafael Vargas Mora

¿Calidad o cantidad?

Rafael Vargas Mora

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Ante el fin de ciclo escolar, los maestros continúan preguntándose qué quiere el gobierno en el ámbito educativo. En épocas pasadas a estas fechas ya eran vacaciones de verano, auténticas vacaciones de verano; quién no recuerda que el ciclo escolar tenía un promedio de 185 días hábiles y que los alumnos se retiraban más o menos el 25 de junio o en el medio rural al caer las primeras lluvias del temporal, ya que eran necesitados por sus padres para iniciar la siembra. En la actualidad el calendario escolar se compone de 200 días hábiles.

En comparación con el anterior, se agregaron unas semanas más de trabajo, sin importar el cansancio físico y mental de los docentes. No se consultó ni tomó en cuenta a los profesores. De acuerdo a Valentín Martínez –Otero Pérez, (Doctor en Psicología y Pedagogía), el término trabajo se deriva del latín “tripalium” (tres palos), un instrumento de tortura constituido por tres maderos cruzados a los que era atado el reo para azotarlo. La raíz de la palabra nos recuerda la presencia en el trabajo de un componente de esfuerzo y dolor, que necesariamente nos lleva a reflexionar si el sufrimiento es la vertiente dominante en la labor educativa de nuestros días.

Se pide calidad en la educación, pero no podrá existir con una carga horaria tan desequilibrada, donde no son 200 días los que trabaja un maestro, como erróneamente se hace creer a la sociedad, esos son únicamente los que permanece frente a grupo, pero a eso hay que agregar todas las horas que se pasa en casa preparando la clase del día siguiente, calificando exámenes y trabajos, asistiendo a cursos sabatinos o dominicales de actualización o en esos viernes agobiantes de fin de mes en los consejos escolares, que habrá que hacer una evaluación a conciencia para saber si en verdad fueron productivos y se vio reflejado en el alumno.

La sociedad en general critica un calendario escolar en el cual aparecen días inhábiles, un calendario que ni remotamente está hecho por auténticos trabajadores de la educación, en esos llamados puentes nada tienen que ver los maestros frente a grupo, ellos sólo acatan una disposición emanada de la autoridad educativa.

¿Se quiere calidad en la educación o cantidad de días que el niño y el adolescente pase en los centros escolares para que con toda libertad sus padres puedan hacer diferentes actividades sin preocuparse por la seguridad de sus hijos?

En el plano internacional son pocos los países que tienen un calendario escolar como el nuestro y su práctica ha demostrado que un número menor de días no está reñido con la calidad educativa. Finlandia, por ejemplo, tiene un verano muy largo y pocas horas de clase, sin embargo, presenta uno de los mejores resultados en toda Europa, según PISA. Otros países como Alemania, Japón, Corea del Sur son también ejemplos de cómo se puede conseguir grandes resultados sin tanta carga horaria en el aula.

Asimismo esta prolongación del ciclo escolar ha repercutido significativamente en la salud física y mental de los maestros y maestras de México, ya que se han extendido los problemas de ansiedad, estrés y depresión que se traducen frecuentemente en bajas laborales; que si bien estos trastornos no son exclusivos de los profesores, la prisa, la competitividad y los cambios vertiginosos amenazan el equilibrio de muchos trabajadores de la educación.

A nuestras autoridades se les olvida que la actividad educativa se realiza a través de la interrelación humana. Es innegable que el trato con el educando puede reportar muchas alegrías, pero igualmente cierto es que la comunicación con el alumno conduce a veces a la frustración y la ansiedad. Hay profesores que para protegerse se ponen un escudo y que suele traducirse en rigidez e inhibición, otros ante los conflictos interpersonales y las múltiples responsabilidades enferman. Los más afortunados, acaso porque en ellos se combina competencia social, juventud y condiciones laborales adecuadas, encuentran en la profesión un cauce óptimo para la autorrealización.

En este cierre de ciclo escolar una gran cantidad de docentes está padeciendo una tensión por la indisciplina de los alumnos o por carecer de habilidades, ya que debe mantenerse como vigilante varias horas al día asumiendo funciones policiales o supliendo lo que en el hogar no se tiene en cuanto a comunicación se refiere, todo esto le genera un agotamiento y alteración en su comportamiento hasta llegar a enfrentamientos con sus colegas, padres de familia y alumnos.

La fatiga, falta de concentración, bajo rendimiento, insomnio, ansiedad y trastornos digestivos son algunos malestares que el docente en la actualidad está padeciendo.

Otro factor que genera malestar y angustia en los profesores es el cambiante marco normativo que en materia educativa se ha producido en los últimos años, generando desasosiego en un gran sector del magisterio.

La Secretaría de Educación deberá poner un poco más de atención en todos estos factores que inquietan al maestro y generar un ambiente propicio para que el profesor se pueda desarrollar a plenitud en su labor educativa. Clima institucional de confianza, seguridad, respeto y valoración; en la medida que esto suceda tendremos una verdadera educación de calidad.

Subdirector de Secundaria Mixta 49, con maestría en Pedagogía

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