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Viernes , 14.12.2018 / 22:58 Hoy

Sonido local

Devastación en la hierba

Rafael Pérez Gay

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De regreso a casa. Brasil venció 2-0 a México y eliminó del torneo al equipo nacional. Fue todo para la selección en el Samara Arena. Demasiada sananga para los mexicanos, esas gotas ancestrales que expanden la visión espiritual y la conciencia. Los primeros veinte minutos de juego, Lozano, Vela y Hernández llegaron con potencia a la portería de Alisson. Osorio mandó a Márquez como medio y protector de Salcedo y Ayala en la zaga central. Pero el gol no favoreció a México, el tiempo pasó y Brasil despertó cuando Coutinho trazó un pase a Gabriel Jesús y éste acribilló a Ochoa, salvador de al menos tres balones que buscaban las redes.

Neymar será un gran alumno de arte dramático, un mentiroso que se revuelca en el pasto por faltas inexistentes, un diablo del campo, pero donde toma la bola nace el talento que ha puesto en sus zapatos la palabra peligro. Despedazó al equipo nacional, hizo lo que quiso con Edson Álvarez y con toda la defensa mexicana. 


En el segundo tiempo, el juego se convirtió en un asedio inclemente: Brasil atacaba y México defendía la plaza con dificultades. De pronto vimos a Layún, que entró por Márquez, de pelo oxigenado, persiguiendo como un loco a Neymar en línea de fuego paralela al área grande de Ochoa. Neymar le dio un taconazo de oro molido a Willian, una cruza de galgo y pantera, este raro predador entró en diagonal seguido por la desesperación de Ayala y Gallardo. Willian centró en el abismo rebasando a Ochoa: el mismo Neymar la metió. Gran gol. Uno a cero. Transcurría el minuto 51 y todo estaba escrito en el libro del destino.

Osorio llamó a Jonathan dos Santos y a Raúl Jiménez. Tite le dio descanso a Coutinho y le dio luz verde a Firmino. Nada le regresó al equipo nacional la oportunidad de gol. Jonathan intentó detener la ola amarilla y Jiménez caminó a ciegas por el campo. En el minuto 88, Fernandihno mandó una vertical sobre Neymar, el actor de grandes obras nunca perdona, centró sobre Firmino y adiós para siempre. Dos a cero. Neymar había destruido a México.

La maldición del cuarto partido cayó de nuevo sobre nosotros. Pasamos la primera ronda y luego caemos al barranco de la derrota. Hace tiempo escribí una crónica histórica sobre la Selección Mexicana de Futbol y le puse por título “Aficionados a la Infelicidad”. Me refería a los fracasos del equipo. Uno de los capítulos se llamaba “Devastación en la Hierba”. En él decía que si Manet hubiera vivido ciento veinte años más le habría dedicado algo de la diversidad de sus técnicas a un lienzo: “Devastación en la Hierba”; en él, nuestros jóvenes futbolistas aparecen tirados en el pasto. La pieza se exhibiría en el Musée d’Orsay y sería motivo de severos estudios de alumnos de la Sorbonne como emblema del fracaso. La historia se repite. No se diga más. El Mundial sigue y avanza hacia la cúspide. 


rafael.perezgay@milenio.com 

Twitter @RPerezGay

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