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Martes , 23.10.2018 / 23:21 Hoy

Prácticas Indecibles

No entiendo

Rafael Pérez Gay

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Tenía una cita en el Centro de la ciudad, en el primer tramo de la calle de Apartado, en una casa de altos muros de piedra y tezontle con un enorme portón de hierro.

Desde luego no llegué a la cita. Los sistemas de navegación urbana, el Twitter, las noticias en la radio advirtieron: si va al Centro de la ciudad, olvídelo, una marcha que partió de Bucareli a Los Pinos ha desquiciado esa zona. La avenida Reforma, cerrada al tránsito; avenida Chapultepec, un asco; Fray Servando, imposible. No sé a cuántas personas les ocurrió igual que a mí y perdieron el día de trabajo.

No entiendo. La autoridad permite las marchas después de que la ciudad ha pasado por una grave crisis ambiental. Como si no hubiéramos atravesado una emergencia que obligó al gobierno de la ciudad a imponer el doble Hoy No Circula, contingentes campesinos colapsan las calles. Mientras un millón de personas deja el coche cada día en casa y busca cómo llegar a su destino, unos inconformes bloquean grandes avenidas.

Los campesinos marcharon por avenida Constituyentes y dieron al traste con el tránsito. Después de arruinar la vida cotidiana de una amplia zona de la ciudad, la Coordinadora Plan de Ayala se dio un baño de pureza: “Tenemos claro que conviene que hoy levantemos esta acción para apoyar a la Ciudad de México”, dijo el dirigente Narro Céspedes.

Desde hace años ejercer la autoridad en México se ha convertido en un dilema, o mejor: en un trauma desprendido del autoritarismo histórico de innumerables crímenes en el campo y la ciudad. Esta es la parte conveniente para todos, pero por desgracia esa postura es incompatible con la llegada de dirigentes simuladores y vividores del sindicalismo y diversas organizaciones sociales. En realidad, estos dirigentes son los enemigos de la Ciudad de México y así deberían ser tratados.

Si su marcha conduce a una contingencia ambiental que pone en riesgo la salud de millones de personas, usted y su organización no marchan en nuestra ciudad. La primera obligación de este gobierno es cuidar a quienes viven aquí.

No solo se trata de un problema de gobierno. Estamos lejos todavía del ejercicio de la autoridad sin culpa y sin la condena pública y mediática de una acción de mando. Insisto: nada menos democrático que 4 mil personas arruinen el día de cientos de miles de seres humanos. Por eso digo que no entiendo.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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