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Lunes , 15.10.2018 / 23:41 Hoy

Prácticas Indecibles

Me olvidaba

Rafael Pérez Gay

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Me olvidaba. Mientras seguía la marcha de las mujeres contra la violencia de género recordé que crecí entre cuatro mujeres: mi madre y mis hermanas mayores. Mi padre ausente sostenía que entre tantas mujeres me volvería gay; él decía maricón, con esa fuerza machista de una época que no debería repetirse nunca más en la vida cotidiana. Puede ser que lo mejor que me ocurrió en la vida haya sido crecer entre cuatro mujeres, lo digo en serio y sin asomo de simulación.

Viví varios episodios de violencia familiar sin poder interrumpirlos. Mi padre castigaba de forma severa y no pocas veces golpeó a sus hijas: por cambiar cómics en la puerta de la casa, por llegar tarde después de un fiesta, no más de la una de la mañana, por besar a un novio, en fin, interrumpo por miedo a que regrese de ultratumba ese señor.

Aprendí sensibilidades femeninas mientras ocurría en casa una rebelión silenciosa. Mi padre desquitaba sus fracasos en sus hijas adolescentes: busconas y prostitutas fueron las palabras menos duras que usó contra mis hermanas mayores. Así surgió un frente activo formado por mi madre y mis hermanas contra mi padre. Yo siempre quedaba, y con razón, del lado de las mujeres.

Al cabo de un rato, mis hermanas y mi madre se revelaron. Un golpe era devuelto con otro, un objeto lanzado al aire volvía sobre la cabeza de mi padre como un bumerán. Unos pleitazos. Mi padre amenazó a los novios de sus hijas. No pocas veces, vigilaba la entrada de la casa desde las 12 de la noche. Se sabe, a partir de esa hora todo se vuelve oscuro, sucio, terrible. Un día, enloquecido por los celos, o por la locura machista, mi papá golpeó a un vecino confundiéndolo con un novio de una de mis hermanas. No exagero: eran días tristes que mi hermano mayor quiso corregir sin éxito.

A mi padre la vida le regaló la longevidad. Los muchos años, 90, le dieron la ocasión de corregir su estupidez machista al grado de que llegó a ser incluso un feminista moderado obsesionado con corregir sus intemperancias. Mientras tanto, esas cuatro mujeres me cuidaron y formaron mi carácter. Mi madre al frente, mis hermanas detrás. Recuerdo todo esto mientras veo la marcha de mujeres en Reforma. Y estoy de acuerdo, incluso ante algunos excesos feministas.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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