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Domingo , 27.05.2018 / 04:37 Hoy

Prácticas Indecibles

La vida subterránea

Rafael Pérez Gay

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Siempre admiré a los plomeros. Pude admirar más a los electricistas, pero la vida es así a la hora de dictar la cosa admirativa. El plomero llegaba con sus cables, penetraba los orificios tapados y mediante movimientos indescriptibles convertía un ducto anegado por el fango en un curso de aguas sin obstáculo. Ahora los plomeros cobran como si fueran abogados de Manhattan.

Todo ha cambiado. Le recomiendo que si llega un plomero a su casa, usted desaparezca, si no lo hace se convertirá en el criado del plomero. A los plomeros les encanta tener valets. ¿Tendrá una jerga? Usted va por la jerga. ¿Me presta una escoba? Y usted le trae la escoba. Oiga, ¿una cubeta? Y sí, carajo, usted va por la cubeta e incluso le pregunta: ¿se le ofrece algo más? La razón: la regadera de la casa no manda corros de agua caliente al mundo exterior desde hace tiempo. ¿Qué pasa? Pasa que usted trata al plomero como si fuera un cirujano a punto de iniciar una operación a corazón abierto.

Lo supe desde un principio, se necesitaba un calentador nuevo. Como decía mi papá: si yo tuviera tiempo lo pondría con mis propias manos. La última operación de plomería que intentó mi padre terminó con un camión de bomberos a la puerta de la casa y con mi madre lamentándose: ¿por qué lo dejaron meterle manos a la estufa y al calentador?

Me siento más familiarizado con las cosas de la plomería. Puedo con un buen destapacaños abrir conductos rebeldes. Y los destapo. Veo que se sorprenden ustedes porque soy capaz de estas cosas del mundo de los bajos fondos. Les digo: todos un día tenemos que entrar a la oscuridad y destapar un conducto de nuestra vida. No quiero asustarlos, pero todos tenemos muchos ductos obstruidos. No he dicho que los psicoanalistas sean los plomeros del alma, no lo diré, no soy irrespetuoso. Bueno, un poco.

Si hiciera las cuentas de mis pasajes clausurados llenaría un cuaderno de doble raya y lloraría. ¿La persona más libre es ésa que ha convertido sus caminos oscuros en libertades del alma? No lo sé. Nadie debería transitar con absoluta libertad a través de sus sombras. Por estas razones admiro a los plomeros y no tanto a los electricistas, estos no tienen matices, oscuridad o luz. Y la vida es ambigüa. ¿O me equivoco?

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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