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Domingo , 16.12.2018 / 07:57 Hoy

Prácticas Indecibles

El sillón fresco

Rafael Pérez Gay

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Ventanas abiertas al mundo, un enfriador, sábana delgadísima, paños menores. Obvio: una brigada de mosquitos kamikazes entró por la ventana que da a la calle. Rechacé el ataque con líquidos venenosos que vaporizan y contaminan la atmósfera. Añadí cremas repelentes de olores penetrantes, nada borra estos sabores a cinabrio, cloro y sustancias asesinas.

Caminé en tinieblas sobre la duela. Me senté en un sillón fresco. Así le digo: sillón fresco. No me pregunten por qué, pero tiene fama de fresco. Los focos dan un calor endemoniado. Sin esa fuente de energía, deambulé en la oscuridad, pero con menos llamas. Recordé en la penumbra un verbo: lecherear. Supongo que mi padre inventó la acción de lecherear. Consiste en sobreponer al piso de la azotea una capa de cal y agua, o blanco de España. Un año de lluvias pacatas la canícula subió los termómetros a cifras increíbles y mi papá tuvo la idea genial de lecherear. Duermes tranquilo, sin sudoraciones y pesadillas de incendio, me decía.

Gran vendedor, mi padre. Resumo su hipótesis: el blanco rechaza el calor como si fuera un termostato. El rojizo o el simple cemento de las azoteas solo concentra el calor. Desde entonces a este método contra el calor le llamo lecherear.

Amanecí molido, como si hubiera trabajado en una mina. Regrese a la vigilia con la palabra lecherear en la punta de la lengua. El desánimo dirigió las pequeñas causas de mi vida. Una junta de negocios. Así les llamo a las reuniones de trabajo: juntas de negocios. Mientras alguien hablaba muy en serio de cosas que no eran serias, yo pensaba en lecherear el techo de la casa y de la oficina. Saqué un pañuelo azul del bolsillo posterior de mi pantalón y me limpié el sudor de la frente. Di dos cabezazos de sueño en la junta de negocios. Nadie lo notó. Salí zumbando. Pensaba en el sillón fresco. Me propuse bebidas refrescantes. Así le llamo a un trago bien servido. Elegí el vodka frappe y un toque de limón. De mí se acuerdan. Una bebida fría como una muerta. No dejaré el single malt, pero durante los calores empezaré con un vodka.

Sudo. Albert Camus dijo en El Mito de Sísifo que solo había un problema filosófico serio: el suicidio. Yo digo que hay dos: el vodka y la lechereada. Me devano los sesos, no sé qué hacer. Mientras me sentaré en el sillón fresco.


rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay


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