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Jueves , 19.07.2018 / 11:12 Hoy

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De viaje

Rafael Pérez Gay

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En mis tiempos no había vacaciones. De verdad, la noción del ocio, el esparcimiento y el reposo es reciente. Ni mis amigos más adinerados se iban con sus papás a la playa 15 días o hacían un viaje a Europa o a Nueva York. Se quedaban en sus casas a ver la televisión. Cierto, hablo de una escuela pública de los años 60. A los 8 años, mis hijos habían tomado más vacaciones de las que yo tomé hasta los 19 años.

Un viaje largo. A Cuernavaca, al Casino de la Selva. En la alberca, mi mamá vigiló desde la orilla con cara de tragedia mientras yo chapoteaba. El búngalo, una pequeña casa extraña. Tres días raros que nunca olvidaré por la cantidad de peligros que, decía mi madre, nos acechaban, en especial el de los alacranes. Nunca camines descalzo, te pica el alacrán y acabamos en el hospital. Y donde hay uno, siempre hay dos, pues van en pareja. Desde entonces las parejas me despiertan malas ideas.

¿Más peligros? Mi mamá fue pionera y supo de los riesgos letales de los rayos solares. Te salen ámpulas y acabamos en el hospital. Terminar en el hospital era una amenaza diaria. Me agobiaba el sol bajo una camiseta y una toalla en el cuello. Hace años, cuando las vacaciones se volvieron comunes y corrientes, mi hija me dijo: dicen mis amigas que por qué sales a la playa en pants, que si estás enfermo. No iba yo a sostener una conversación de corte sicoanalítico en ese momento. Guardé silencio.

Años después supe que el matrimonio de mis padres estaba roto por una simple razón: nunca tomaron juntos unas vacaciones. Lo digo en serio, nunca. Los perseguía la sombra de una desgracia, como si llevaran dentro algo irreparable, una nube negra que preferían conservar en casa y no llevarla con ellos por el mundo exterior.

Si alguien se animaba a viajar, el asunto se convertía en una tragedia. Así se fue mi hermano mayor a Alemania, y una de mis hermanas a Canadá a hacer una vida fuera de México, y mi otra hermana a viajar por el mundo. Nos quedamos los dos menores en casa. Tiempo después mis viajes fueron los libros. Todavía, cuando hago la maleta, una vaga congoja me recuerda aquellos años de la infancia, la nube negra, aquello irreparable que sigo desentrañando en la alta madrugada. Como siempre, me desvié, yo quería escribir un interesante artículo sobre las vacaciones y el tiempo libre.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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