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Prácticas Indecibles

Arte dramático

Rafael Pérez Gay

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Las cosas que hemos hecho. Recordé la obra de teatro llamada Máquinas y burgueses, que logró en cartelera más de 20 semanas de éxito. Gran temporada del grupo Mascarones que dirigía Mariano Leyva y del cual formé parte con papeles no del todo menores. Máquinas y burgueses (se prohíben las burlas) se proponía repasar con las armas de la actuación (Meyerhold era lo nuestro) la comunidad primitiva, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y el comunismo, ni más ni menos. Yo fui responsable de darle vida a tres personajes (se dice fácil): un rey francés homosexual por el que recibí felicitaciones de la crítica; un fisiócrata cuyo momento culminante consistía en pronunciar, ayudado por el acento francés, una frase que nos parecía una ofensa terrible contra el proletariado: laissez faire, laissez passer. Para arrancarle el alma al personaje, me tenía que pintar el pelo de blanco, poner una nariz con lentes y vestir un traje gris comprado en Tepito. El tercer papel me emocionaba: un obrero de la Revolución Industrial en Inglaterra, enajenado, acostumbrado a vivir en condiciones paupérrimas como una máquina sin alma, de ahí el título de la obra. Mi atuendo no dejaba lugar a dudas: pantalón de mezclilla manchado por la grasa del capitalismo, camisa de mezclilla manchada por la grasa del capitalismo. Desde luego no teníamos zapatos, salíamos a escena descalzos, en parte porque así debió ser y en parte porque salir con zapatos tenis hubiera dejado mucho que desear. Durante largos minutos, un grupo de 20 obreros emitía ruidos de máquinas terribles de las que se desprendía la plusvalía (tragg, rup, fffuf) y se ejercitaba mediante una complicada gimnasia simulando un engranaje. Al final nos revelábamos, llamábamos a la revolución y cantábamos una canción. Recibimos ovaciones. También montamos en Sullivan 39 una compleja obra asesorados por Augusto Boal, en la que representamos el origen del universo. Sí el origen del universo; qué, ¿hay problemas? Si no mal recuerdo a mi me tocaba ser primero un planeta y luego un extraño anfibio. Qué barbaridad.

Quisiera seguir escribiendo, pero está a punto de empezar la vida de Lupita D’Alessio. Qué cosa tan terrible, pero tan ejemplar, tan difícil, pero al mismo tiempo tan dura. No es este el lugar, en serio. Lupita lo logró. Yo en cambio solo actué Máquinas y burgueses. Así pasa.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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