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Sábado , 26.05.2018 / 15:26 Hoy

Prácticas Indecibles

Alcoholímetro

Rafael Pérez Gay

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Presento mis credenciales: desde que existe en la Ciudad de México el Programa Conduce sin Alcohol, nunca he sido arrestado después de una prueba rápida de alcoholemia ni condenado de forma inconmutable a un Centro de Sanciones Administrativas; es decir, encerrado en el Torito. Confieso que no dejé de beber, más bien dejé de manejar con tragos, por pocos que fueran.

Según la página del programa, desde 2003 se han realizado un millón 400 mil entrevistas, de las cuales 55 mil 418 fueron motivo de infracción. No me cuento entre esos miles de desafortunados infractores que se pasaron un día o día y medio en chirona por beber y luego conducir su coche. Me refiero a esos que repitieron el chiste urbano: “dame las llaves del coche: estoy muy pedo para caminar”.

Sé que el programa ha evitado accidentes fatales, lo admito, pero siempre pensé y pienso que las detenciones aleatorias en la ciudad son cosa seria y de mala escuela. El famoso video del borracho que va rumbo al Torito en el cual pregunta arrastrando las palabras “¿por qué be detienen, si no he choqueado?” encierra una razón jurídica y un argumento de libertad civil. Como sea, el programa ha demostrado su efectividad en la prevención de accidentes fatales. No se diga más.

Desde finales del año que bajó el telón he visto cómo los retenes del alcoholímetro se convierten en destacamentos de patrullaje militar: una desviación de conos por donde pasa necesariamente el automóvil, un arco, un policía con linterna ilumina la cara del conductor y luego el interior del coche, una camioneta descubierta de la policía con la torreta encendida le da al escenario el efecto de un delito consumado, una escena del crimen. El móvil es de risa loca: perseguimos delincuentes que han bebido en un bar unas cuantas copas, a la cárcel con los mafiosos que se tomaron cuatro cervezas, o diez tequilas, da igual.

Parece absurdo recordar que quienes son detenidos por beber y tomar el volante no son delincuentes, simplemente han cometido una falta administrativa por la cual recibirán una sanción. El retén policiaco debe estar a la altura de la falta cometida. Conviene explicarle a la policía y a las autoridades del gobierno de la Ciudad de México que en esos centros de detención no arrestan criminales, detienen ciudadanos irresponsables, si mucho, y con ello probablemente evitan un probable accidente. Hay que devolverle a los alcoholímetros su carácter digamos ciudadano, los criminales están en otra parte: vayan por ellos.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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