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Miércoles , 18.07.2018 / 11:52 Hoy

Prácticas Indecibles

A dieta

Rafael Pérez Gay

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Me he jugado el pellejo en varias dietas. No me refiero al estipendio de los legisladores, sino a ese régimen alimenticio de bajas calorías que busca la pérdida de peso. Hace muchos años hice la dieta de la luna, un fiasco de hambre y frustración, pero perdí kilos, eso que ni qué. Otra se llamaba de las proteínas, ¿puede ser?, y pretendía que yo comiera canelones y espaguetis día y noche. Renuncié. Una más, interesante: una nutrióloga delgada y guapa llegaba a la casa de usted, le medía la grasa corporal, lo pesaba, le daba la dieta semanal y se despedía. No recuerdo la grasa corporal, pero andaba en 20. No sé si eso es mucho o poco. Supongo que mucho, pues si no, yo no estaría frente a esa mujer hablando de chipirones, nueces, jitomates, pescados.

Si hay hombres favorecidos por los sueños, también los hay favorecidos por las dietas. No pertenezco a ese linaje. Aquella nutrióloga preguntaba si yo hacía ejercicio. Yo contestaba envanecido que muchísimo: natación, ejercicio funcional, así se llama. La respuesta me mandaba el alma a los pies. Muy mal, por eso no ha abierto su metabolismo. Yo ignoraba que los metabolismos abrían y cerraban sus puertas como las casas y que el mío se negaba a abrirse. Aquella dieta dio resultado: una vez que se abrieron las puertas del metabolismo empecé a perder peso. Más tarde, las puertas se cerraron y todos contentos, mi metabolismo, yo mismo, mi familia, mis amigos. Todos en paz.

He vuelto entonces al consultorio de la nutrióloga. Aquí estamos de nuevo, pensé, siempre se vuelve, salvo que usted haya decidido comprarse carpas de circos viejos en lugar de sacos y pantalones. Salí entusiasmado. Me entusiasmo con facilidad. Una hoja de papel con una parrilla de cuadros indica mi nueva dieta.

El primer ataque lo recibí de mi propia sangre: mi hijo dijo que vivía con una modelo de Victoria’s Secret, es decir yo. Leyó en voz alta: pollo, espárragos, pollo, papaya, pescado, una sardinilla y lechuga. Alguien va a desmayarse el sábado, dijo, y se fue a comer unas flautas de barbacoa con su buen consomé y a tomarse 40 chelas bien muertas.

Me encuentro en un estado de melancolía intensa. ¿Eso es posible? No puedo seguir escribiendo estas líneas, pues me toca la colación: fajitas de pollo, ¿ustedes gustan? En la noche, pollo al horno. Si quieren, los invito.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay

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