Ningún entrenador de futbol, menos el que se considera profesional, es tonto o ingenuo. Saben perfectamente lo que sus jugadores, en lo colectivo y en lo individual, les van a dar a lo largo de un torneo. Hay un margen en sus evaluaciones, eso es verdad, en el que se pueden esperar cosas no calculadas, a favor y en contra, pero no como para decretarse una sorpresa.
No digo que en los últimos años no se hayan dado casos inesperados por completo, pero son verdaderamente reducidos… Como el Leicester campeón de la Liga Premier, con el italiano Claudio Ranieri, hace ya casi dos años.
Digo esto poniéndome a tono con la Liga Mx y las evaluaciones y expectativas que se generan con los entrenadores de los 18 equipos.
Pienso en Francisco Palencia, quien dirige al equipo más débil de la Liga. Es probable que Paco, si su equipo pierde mañana cuando visite al León, sea despedido, y si esto sucede, se dirá, como tantas veces, que el cambio de un director técnico cuando un equipo pierde y pierde es necesario así la única razón sea la búsqueda de un mejor ánimo, o de una actitud no derrotista.
Pero casi nunca estos cambios funcionan… Porque lo que está realmente en juego no es la capacidad del entrenador, si no de los jugadores o lo que es lo mismo un plantel deficientemente armado, sea por incapacidad o por carencias presupuestales.
¿Cuántos entrenadores como Palencia hay en la Liga Mx? Muchos, la mayoría. Sometidos por completo a los alcances que limita la calidad de sus elementos canteranos y refuerzos.
En el específico caso de Paco, quien ya había recibido una oportunidad de entrenar a los Pumas de la UNAM sin éxito alguno, no creo que pueda responsabilizarse en una cuota significativa del mal paso de los Lobos. No es un tema de que al equipo le falte entrenador. No tiene jugadores ofensivos de calidad y su defensa es lenta y veterana… Y su medio campo tampoco impulsa ni controla.
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