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Miércoles , 26.09.2018 / 08:52 Hoy

A balón parado

Ni sentimiento de culpa, ni sentido de superioridad...

Rafael Ocampo

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Quien le quiera ofrecer disculpas a Juan Carlos Osorio está, supongo, en todo su derecho. Se llegó a ese partido contra Alemania, el debut mundialista de la selección mexicana de futbol, como no debió de haberse llegado:

Por un lado, con el absoluto repudio de muchos al entrenador Osorio. Convencidos de que su gestión había resultado confusa y caprichosa. El simple nombre de este hombre evocaba a la burla: Juan Cambios Osorio... El Predicador, por su abundante y retorcido discurso, siempre basado en conceptos técnicos domingueros, como buscando impresionar a un auditorio más maduro e inteligente de lo que siempre supuso.

No dudo que muchos de esos aficionados a los que ya les resultaba intolerable su gestión, hubieran deseado que la selección hiciera el ridículo en su presentación. Esos sentimientos vengativos suele generar el futbol en los más ignorantes. Por el otro lado, se llegó al día del debut mundialista con un sentimiento reivindicativo no solo entre los integrantes de la selección (directivos, cuerpo técnico y jugadores), sino entre los miles o quizá millones de aficionados muy dispuestos siempre a esperanzarse, a mantener un tono positivo aderezado de forma abundante por un fervor nacionalista que, a falta de guerras, aparece cada cuatro años para pintarles la cara con rubor color a patria.

Hacen muy mal, creo, los pertenecientes a cualquiera de esos dos grupos, en actuar con protagonismo exagerado de superioridad y con sentimiento de culpa. Nunca será momento para caer en ninguno de esos abismos del sentimiento... pero menos ahora, cuando tantos días de mundial quedan por vivirse.

Yo, por lo pronto, celebro sentirme tan alejado de esos dos enormes sectores en los que se divide comúnmente la afición y, penosamente, también el comportamiento de profesionales de la información incapaces de cumplir con el mínimo de los decoros que un periodista debe tener: la honestidad de relatar las cosas como son, y no como quieren que sean.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo

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