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Jueves , 21.06.2018 / 08:14 Hoy

La innecesaria derrota, el inesperado triunfo (columna Anuario 2017)

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En el drama, no hay mejor manera de retratar el 2017 que el avergonzado y compungido rostro del histórico portero de la selección de futbol de Italia, en plena cancha del estadio Giuseppe Meazza de Milán, tras haber quedado eliminados del Mundial de Rusia en su incapacidad de ganarle la rondade repechaje al representativo de Suecia.

Los orgullosos italianos, campeones del mundo de este deporte en cuatro ocasiones, se quedaron fuera de la máxima festividad, un verdadero desastre.

Dolor y decepción se registró también en las pistas de atletismo. En una batalla innecesaria, pues era imposible incrementar su grandeza, el imbatible, la deidad viviente llamada Usain Bolt, vio cómo era relegado hasta el tercer lugar en la final de los 100 metros planos del Mundial de Londres.

Nada tenía que ganar el jamaicano y sí un poco que perder. Verlo ahí, en su última foto, con la medalla de bronce, insisto, nos lo podíamos haber ahorrado todos… Pero esta imagen marcará el 2017.

A nadie impactó el otro rostro en estas dos historias. Ni la felicidad de los suecos, que casi desfallecen tras su gesta, ni la emoción del cuestionado estadounidense Justin Gatlin, quien se arrodilló para reverenciar a Bolt en plena pista.

En un escenario doméstico, el 2017 nos ofreció, por qué no, la eterna diatriba que enfrentan los millones de aficionados (expertos y villamelones) que siguen a la selección mexicana de futbol… El portazo en la cara con el duro cristal de la realidad en una Copa Confederaciones en Rusia, el ensayo oficial del mundial que viviremos a partir del 14 de junio próximo.

Eliminado el equipo contra una selección alemana alternativa, plagada de suplentes. Y luego, meses después, ese mismo equipo, con el mismo entrenador (no más terco y necio que cualquier otro), cerrando el año con una competitiva y ¿esperanzadora? gira de dos partidos en la que empataron con Bélgica a 3 y luego fueron a ganarle a Polonia, en su congelante feudo de Gdansk (el memorable astillero quehizo héroe a Lech Walesa)… gracias a estos resultados hoy todos creemos que está bien ilusionarnos con, cuando menos, el quinto partido en el Mundial. Ya el día a día nos pondrá en nuestro lugar.

Doce meses transcurrieron en los que se obtuvo constancia de que el mexicano está más cerca del papel de gran espectador que de protagonista directo del variado mundo deportivo mundial.

Somos buenos para hacer borlote, para pagar lo que cueste estar ahí: por tercer año consecutivo se armó la grande en el Autódromo Hermanos Rodríguez para el Gran Premio de Fórmula Uno… El mejor público, el más entusiasta, el más festivo de todo este serial que ha ido a menos en otros países con más tradición en competencias de coches.

Y lo que se vivió en el estadio Azteca para ver a los campeones de la NFL, los Patriotas de Nueva Inglaterra contra los Raiders de Oakland, nos puso también en ese plano.

Dinero hay en los bolsillos de los aficionados mexicanos para pagar por estos eventos… sobre todo si se trata de eventos únicos y no lo que implica ser partícipes de toda una temporada.

Será el 2017 el del imposible triunfo en el Super Bowl 51, de los Pats de Tom Brady a los Halcones de Atlanta. En tiempo extra. Literalmente de infarto… ¿Y dónde dejamos la extraordinaria Serie Mundial de Beisbol que ganaron en siete partidos los Astros de Houston a los Dodgers de Los Ángeles? Extraordinaria, maravillosa y los demás buenos adjetivos que usted quiera…La gloria y el desastre. El deporte en 2017.

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