Me sorprenden todavía algunas cosas en el futbol mexicano, habitualmente tan de sencilla lectura. Una de ellas la dócil forma en la que una mayoría de directivos se van convenciendo de que una idea que meses atrás ni siquiera era imaginable, empieza a convertirse en un posicionamiento que se defiende con fe y que tiende a transformarse hasta en una obsesión.
Me refiero a la postulación de Gerardo Martino como entrenador de la selección mexicana de futbol.
Ahora resulta que el filtrado interés por el argentino es un asunto real y su contratación inminente.
Pero nadie de los que tienen que hablar, es decir, quienes tienen a su cargo esta decisión en la FMF ha dicho nada. Lo entiendo un poco. Con los periodistas que tienen cercanos, a los que es muy fácil “enterar de forma privilegiada”, tienen suficiente. Ya se encargarán ellos, en sus diferentes espacios y medios en que el asunto adquiera difusión y relevancia.
Y si por alguna razón la negociación no camina y termina en nada, pues mejor, que ellos (esos directivos) siempre podrán decir que se trató de un “invento más” de los periodistas.
Martino dirigió al Barcelona de Lionel Messi tras el obligado alejamiento del auxiliar de Pep Guardiola, Tito Vilanova. No tuvo éxito con una generación de futbolistas con los que prácticamente cualquier director técnico ha conseguido títulos. Antes había dirigido en su país, Argentina... Y después a la selección nacional de Paraguay. Ahora trabaja en la MLS de Estados Unidos, donde viene haciendo un buen trabajo con el equipo de Atlanta, uno de los clubes más nuevos en esta competición.
No parece pues un hombre que pueda venir a revolucionar una selección estancada, como la mexicana. O no al menos alguien que de garantías.
Además, por lo que se ha venido diciendo, es uno de los más firmes candidatos a dirigir la selección de su país.
Pero bueno, e esta moda tan borreguita e irreflexiva que impera en estos tiempos, es el candidato de todos.
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