• Regístrate
Estás leyendo: Un pacto en París
Comparte esta noticia
Viernes , 19.10.2018 / 15:37 Hoy

Hormigas

Un pacto en París

Porfirio Hernández

Publicidad
Publicidad

A finales de 1968, Carlos Olvera (1940-2013) y Leopoldo Flores (1934-2016) acordaron un pacto creativo en París, Francia, que consistió en formar entre los dos un libro, su libro de París, tal como lo tienen los grandes autores de nuestro tiempo. Una mañana, el pintor entregó al escritor un cuaderno con 42 dibujos de la fuente de Saint Michel, situada en el corazón del barrio latino de la ciudad Luz y símbolo de la organización estudiantil de la época, pues ahí los jóvenes se reunían para discutir sus estrategias de movilización y partir a las calles y escuelas de la ciudad. Por su parte, el escritor compuso un conjunto de poemas dedicados a la ciudad, al movimiento estudiantil y, sobre todo, a su lucha libertaria y los valores que enarbolaba.

Leopoldo Flores y Carlos Olvera estudiaron en Francia casi al mismo tiempo; artes plásticas y dirección teatral, respectivamente. Esa estancia fue la primera de lo que después se convertiría en una costumbre perfeccionada a través de los años, ya que desde París, decía Olvera, México se ve y se piensa mejor.

Contemporáneos en Toluca, Estado de México, ambos coincidieron en París para dialogar en torno de todo aquello que podía hacerse en México en materia cultural, como becar a artistas jóvenes para estimular su obra, o formar un fondo editorial que involucrara autores de todas las disciplinas del arte, con el fin de propiciar la reflexión y el estudio de los fenómenos culturales de entonces.

El escenario de esas conversaciones fue el Café de Cluny, abierto en 1869 en el boulevard Saint-Michel, a contraesquina de la Abadía de Saint-Denis, un sitio emblemático de la ciudad, ya que ha sido anfitrión de innumerables personalidades; fue el más frecuentado por los revolucionarios culturales de la China moderna; el preferido de Verlaine y Arthur Koestler, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre y Marguerite Duras; ahí se conocieron Juan Goytisolo y José Martínez Guerricabeitia, encuentro trascendental para la literatura española; ahí se anuncia el Premio Goncourt... Ahí también solía tomar café el escritor argentino Julio Cortázar, quien por esos días participaba activamente en los debates de la Sorbona y acompañaba a los jóvenes en las manifestaciones públicas.

Nuestros autores eligieron el Café de Cluny para esperar al autor de Rayuela y mostrarle sus respetos. Así lo refiere Leopoldo Flores, en una entrevista concedida a un servidor el 24 de junio de 2014, en el museo universitario que lleva su nombre en la ciudad de Toluca:

Ya lo habíamos visto [a Julio Cortázar], pero no sabíamos a qué hora iba a estar; un día, tomando un refresco para el calor, acordamos que estaríamos ahí al otro día para esperarlo.

Cortázar nunca llegó en ninguno de los días que habían decidido esperarlo, pero ese tiempo no pasó en balde: de ahí surgió un libro que, esperamos, pronto pueda ser editado.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.