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Martes , 13.11.2018 / 21:19 Hoy

Hormigas

Un acto de transformación

Porfirio Hernández

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"No leemos a otros: nos leemos en ellos", escribió José Emilio Pacheco en su inolvidable poema "Carta a George B. Moore en defensa del anonimato", incluido en su recopilación de poemas Los trabajos del mar (Era, 1983). La frase alude al lector activo: aquel que interpreta, reorganiza el sentido del texto, busca el sentido general para convertirse, así, en coautor del texto que lee.

Esa debe ser la aspiración de toda política de fomento de la lectura: formar lectores que pasen de la mera impresión placentera y olvidable a una sistematización de su experiencia lectora, que les haga construir un conocimiento transformador de su vida diaria, motivados por el interés de abundar en algo por curiosidad y por hábito.

En ese sentido, leer es volver a ser uno mismo, transformado, por la voluntad propia, a través de la palabra escrita.

Faltan indicadores.

Hoy es difícil conocer los avances de las políticas públicas de fomento de la lectura en el Estado de México. Por un lado, no hay indicadores que midan el impacto real de las acciones de accesibilidad al libro, pues se llega sólo a informar número de títulos leídos y número de reseñas incorporadas al servidor electrónico.

Nos hace falta la construcción de índices de lectura, suficientes para considerar la diversidad de contextos sociales que motivan u obstaculizan el hábito de la lectura, la calidad de textos leídos, la calidad de las reseñas, el interés de leer más allá del cumplimiento escolar... pero sobre todo, la capacidad de los educadores para fomentar el interés por la lectura. ¿Las escuelas formadoras de educadores están desarrollando capacidades de mediación de la lectura en sus aulas?

El hogar, motivador principal de la lectura.

En el hogar, primer espacio motivador de la lectura, la lectura por curiosidad es escasa.

¿Cómo puede complementar la familia el esfuerzo escolar de un educando que desea leer más allá de toda imposición u obligación? En primer lugar, leyendo. No hay mejor enseñanza que el ejemplo, dicen.

Si hay libros en la casa, si leer no está estigmatizado como algo inútil, como una pérdida de tiempo, es posible que los más pequeños pierdan ese primer temor a abrir un libro y a leerlo por curiosidad, así como se abre un reloj, así como se estudia una hormiga inerte.

Si en la casa se respeta el acto de leer, es necesario que se respete el tiempo destinado para ello por cualquiera de los miembros de la familia.

Y, desde luego, es indispensable que al más pequeño, el que apenas hace sus primeras lecturas en voz alta, no se le corrija al grado de inhibirlo: ¿cuántos de nosotros aprendimos a leer sin equivocaciones desde el primer día?

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