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Jueves , 18.10.2018 / 15:38 Hoy

Hormigas

Ortografía

Porfirio Hernández

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Los libros contienen maravillas. Por ejemplo, el tomo José María Velasco / Un paisaje de la ciencia en México, del químico, historiador, escritor, investigador y académico mexicano Elías Trabulse (1942), cuya segunda edición hizo el Fondo Editorial Estado de México en 2012. Ahora que se cumplieron 176 años del natalicio del pintor de Temascalcingo, Estado de México, vuelvo a leer las páginas llenas de color y se vuelve indispensable hablar de ellas, por la virtud de la edición, pero sobre por la enorme aportación a la historia de la ilustración científica en México de este libro.

Este libro trata, en principio, de un recorrido por la historia de la revolución científica en México, desde 1769, año del auge del grabado en cobre que ilustraba los descubrimientos de la ciencia, hasta 1868, cuando hubo profusión de revistas y autores ilustradores, como Claudio Ambrosio Seurat y Mariano Ximeno. La revisión de su trabajo, a través de las páginas de este hermoso libro, nos hace ver la enorme valía de su minuciosa capacidad de observación y su dominio técnico del dibujo como instrumento de conocimiento.

La segunda parte de este libro aborda el trabajo de José María Velasco (1840-1912) en este campo: desde la fundación de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, en la que Velasco participó activamente (y fue "el último de sus consocios", expresión de profunda humildad la suya), hasta la reseña puntual de sus labores científicas, tanto para la botánica como para la zoología. No se cansa uno de ver tan amplio catálogo de ilustraciones, y admirar, como un lego, la perfección de sus técnicas, pero sobre todo, el deslumbramiento puramente científico de su obra que describe, con afán exhaustivo, la más precisa aproximación a los animales y flora de México, además de que lo hace por medio de textos igualmente precisos, con dotes de estilo del más profesional investigador.

Este es un libro que debe leerse: José María Velasco/Un paisaje de la ciencia en México, porque nos enseña que la obra de nuestro pintor sobre el paisaje nacional proviene no solo de un interés artístico, sino de su profundo interés por el descubrimiento científico, lo cual lo inserta con toda propiedad en el campo de la historia de la divulgación científica. El artista se completa así, para darnos la figura inmortal de un pintor que puso su arte al servicio del conocimiento científico, con lo cual nos mostró el principio elemental de los genios: José María Velasco quiso conocer el mundo natural de su tiempo y compartirlo.

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